Felices fiestas


A pesar de las vidas perdidas por el Covid19 en este año y de las múltiples consecuencias de la pandemia en los terrenos económico, social y en materia de salud, entrando a la recta final de este 2020 observamos con objetividad que para los mexicanos, como quizás suceda en muchos países del mundo, la época decembrina y sus fiestas, siguen representando momentos de alegría y felicidad.

¡Felices fiestas! Así nos deseamos los mexicanos en estas fechas, similar al “happy holidays” de los americanos, que en este año serán, en mi parecer, una oportunidad para hacer introspección y un balance de lo que nos dejan estos 12 meses y que nos hará replantearnos la famosa canción que usualmente suena el 31 de este mes: “yo no olvido el año viejo, porque me ha dejado cosas muy buenas”.

Sin pretender entrar en el optimismo desbordado de los iluminados, negando que existan en el plano terrenal temas dolorosos o negativos para las personas, si creo que, en el fondo, detrás de toda crisis e incluso de las tragedias, siempre vienen oportunidades para poder encontrar aspectos positivos, aunque en ocasiones como este año, para muchos sean difíciles de hallar.

Dice una frase popular, por cierto, muy desafortunada para cualquiera que esté pasando por una pérdida o por un duelo, que no hay mal que por bien no venga, o como para los creyentes decir que, los tiempos de Dios son perfectos, lo cual también suele ser un error decírselo a alguien que esté sufriendo, tan imprudente como desearle ánimos a quien pasa por una tristeza profunda.

Estoy claro que, en la evolución y el crecimiento de los seres humanos, la aceptación de la realidad es una de las herramientas más importantes para salir del fondo cuando se está en el caos, la incertidumbre o el dolor profundo, lo cual no quiere decir que se llegue a este proceso como por arte de magia.

Llegar a la aceptación implica primero salir de la negación en la que solemos vivir las personas como mecanismo de defensa para esconder una crisis, una tragedia o un sufrimiento. Y por supuesto, salir de la negación es confrontarse con el dolor mismo, sentirlo y vibrarlo de tal forma que exista una necesidad imperiosa por superarlo.

Por ello creo que se equivocan aquellos maestros que instruyen a sus pupilos a que deban siempre tener una actitud positiva ante la vida, por negativa que ésta parezca. Negar los sentimientos o pensamientos cargados de negativos es tanto como renunciar a la naturaleza del ser humano y brincarse una etapa fundamental en el proceso de aceptación.

Llorar cuanto sea necesario, sentir el dolor hasta que sea irresistible y enfrentar sin miedo la incomodidad que causa, siempre y cuando la persona no se instale de forma permanente en esta etapa, resulta altamente curativo para alcanzar la aceptación de la realidad.

Finalmente, en muchos casos es justo la incomodidad que causa el dolor, la que motiva a las personas a salir de ese estado y a comenzar a creer que habrá una luz al final del túnel.

Salir de la negación, no obstante, es apenas el inicio del proceso, después del cual puede llegar el enojo o la tristeza que causa quitar del camino ese mecanismo de defensa, sentimientos que también deberán ser reconocidos y vividos sin pesar, teniendo claro que es parte del sendero.

Después de la negación y el enojo o la tristeza, suele venir un periodo de introspección o negociación interna que abre la posibilidad para que lo que sea que esté pasando, además de ser una realidad, dejará aprendizajes y un para qué de haber sucedido.

Tiempo después vendrá la aceptación y posteriormente la evolución o trascendencia de lo sucedido, en estas etapas que, para los estudiosos, componen los procesos de duelo y propician el movimiento o cambio en las personas.

Antes de suponer que, como por arte de magia cerraremos los ojos ante todo lo sucedido este año para desearnos felices fiestas, me parece que es momento de enfrentar hacia nuestro interior todo lo que nos ha causado este inédito e inesperado 2020, pasando por todas las etapas descritas, hasta poder entender lo que ha causado la pandemia a cada uno de nosotros y saber hacia donde debemos caminar cada uno en nuestro respectivo objetivo y propósito.

Reconocer que ha habido pérdidas, momentos dolorosos, movimientos bruscos y situaciones adversas, sin instalarnos en ellas, pero sí con el objetivo de enfrentarlas y poder trascenderlas, podrían ser ejercicios que nos preparen para las fiestas navideñas próximas y poderlas vivirlas en serenidad, en paz y por qué no, en felicidad.

Porque además de la pandemia, seguramente hay muchas otras vivencias individuales que merecen ser también aceptadas para poder despedir en paz el año que está por terminar.

Por lo pronto, extrememos precauciones ante el incremento de contagios por el coronavirus, démonos el tiempo de hacer introspección, reflexión y balance, para al final poder desearnos todos, felices fiestas.



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *