La expresión de profundis se volvió popular cuando Oscar Wilde tituló una misiva colocándose a sí mismo en la cuerda floja del sufrimiento y anda sobre ella. Nadie debería asumir desempeñar su labor así. Sin embargo, hay quienes lo hacen por elección y aquellos que fueron destinados a tales circunstancias accidentalmente. El autor egocéntrico suele ser escandaloso; en cambio, un escritor menos imprevisible es más discreto, como José Cardoso Pires (1925-1998).
Pires nació en Portugal, donde fallecería de una isquemia cerebral tres años después de haberse recuperado de un ataque previo, en 1995. Durante ese lapso y contra todo pronóstico surge De Profundis (Libros del Asteroide): discurso entre enfermedad y creación artística. “Hay tantos ejemplos de quienes sucumbieron o sufrieron por plagas antiguas y contemporáneas: Keats, las Brönte, Thomas Mann, Nietzsche”. El autor comprueba que en ocasiones no basta la imaginación al escribir, aunque su desmemoria lo aislara del recuerdo concreto.
Hay escasa literatura acerca de la enfermedad vascular cerebral porque pocos sobreviven ante un episodio o pierden la memoria y queda nublado el pensamiento para brindar testimonio. Pires logra recuperarse y lo escribe: narra una historia clínica sin método científico. El protagonista es “Otro”, porque al inicio pierde la conciencia de identidad que después cobra.
Quizá su recuperación se debió al triunfo de un cerebro optimista que fue reanudando la escritura. Pires debe añadirse en el inventario de literatura portuguesa con Fernando Pessoa, Herberto Hélder y José Saramago. De Profundis: dedicado a médicos que honran un juramento hipocrático y gente que valora la promesa.
@erandicerbon