
CHISPAZO
JULIO BERDEGUÉ Y EL NUEVO MODELO PARA EL CAMPO.
Felipe Guerrero Bojórquez
Alienta lo que el próximo Secretario de Agricultura, Julio Berdegué Sacristán, plantea como política central para el campo mexicano el próximo sexenio: “La transición de toda la agricultura desde la más grande hasta la más pequeña.”
Una transición, desde luego, ceñida a la “época del cambio climático”, sino queremos que en los próximos años la agricultura mexicana “esté en serios problemas”, plantea el experto, investigador en la materia, que ha coadyuvado al desarrollo agrícola en diversos países del mundo y que ha sido propuesto por la presidenta electa, Claudia Sheinbaum, como próximo titular de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural.
La transición del campo implica “repensar” muchas cosas dice Berdegué, lo que significa sin duda replantear el modelo de producción primaria en donde, al igual que la agricultura, la ganadería y la pesca juegan un papel fundamental y, para ello, “se requiere una transformación profunda” si efectivamente se pretende para el país “la soberanía alimentaria”, expone el próximo secretario de Estado.
En relación a la soberanía alimentaria, y que también implica nuevos esquemas de producción, comercialización y competencia externa, destaca la idea, por ejemplo, de no permitir en el país el cultivo del maíz transgénico y tampoco su importación para consumo humano, lo que actualmente ocurre sin cortapisas.
La visión de fondo del nuevo modelo para el campo mexicano implica de manera central el tema del agua y, en ese sentido, Berdegué Sacristán plantea el llamado “Plan Hídrico Nacional”, donde no solo se contempla el análisis de las concesiones, su planeación estratégica, sino el objetivo de lograr “un abasto equitativo, eficiente y justo”, en el contexto de las condiciones que en la materia vive el país.
Ciertamente, México tiende cada vez más a tener menos agua, fenómeno determinado por el llamado cambio climático. Sin embargo, el esquema de reparto del líquido sigue intacto, no solo para las grandes empresas industriales, sino para el propio campo donde los llamados “módulos de riego” están en manos de grupos de interés y son ellos los que deciden qué, cómo, cuándo y cuánto sembrar, sin importar el bienestar colectivo y las condiciones climáticas.
Berdegué Sacristán dice que hoy “debemos ajustarnos a una nueva realidad” y que todo esto “no podemos postergarlo”. De ahí que otra de sus acciones centrales es impulsar “un proceso de diálogo y la búsqueda de acuerdos en la materia”.
Y aquí viene otra de las reflexiones en la visión científica de Berdegué: “México tendrá que hacer un enorme esfuerzo para ponerse a la altura del gigantesco desafío que significa el cambio climático” y agrega que las consecuencias que ahora se padecen como la sequía, las olas de calor y las inundaciones deberán enfrentarse con políticas públicas de fondo. “Se requiere de una transformación muy profunda de la agricultura, la ganadería y la pesca”.
Julio Berdegué Sacristán no es solo de Sinaloa, sino que la entidad misma, por su naturaleza productiva, significará la aplicación de las nuevas políticas públicas para el campo, su reconversión técnica y científica, pero igualmente un proceso de socialización en el que todas las fuerzas productivas se involucren y aporten.
Seguramente, la aplicación de nuevas políticas públicas para el campo, se harán necesariamente en un nuevo marco legislativo que procure justicia, equidad y poder de decisión, sobre todo en los temas del financiamiento, comercialización, medio ambiente y, particularmente, en la racionalización equilibrada, distribución y reparto del agua.
Julio Berdegué Sacristán es un científico, no un político en la acepción partidista. Hoy se inscribe como una figura que enfrentará grandes retos para el país y, en su contexto específico, para Sinaloa. Lo demás son lecturas de quienes gustan adelantar vísperas. Primero lo primero.
