
CHISPAZO
OPERACIÓN SINALOA: SER O NO SER.
Felipe Guerrero Bojórquez
Mientras que las fuerzas federales integradas por la SEDENA, la Guardia Nacional, la SEMAR, la FGR y la Secretaría de Seguridad Pública Federal detuvieron hoy a 5 operadores de los «chapitos» en un hotel de Culiacán, la Escuela Primaria «Niños Héroes» de la colonia CNOP, en la capital, fue convertida en cuartel.
Se suma a lo anterior el tan sonado decomiso de una tonelada y media de pastillas de fentanilo en Ahome, la detención de tres personas responsables del laboratorio, dos en Los Mochis y uno en El Carrizo, y la llegada de una fuerza civil federal al norte del estado para detener a generadores de violencia. Además de la marginación absoluta, en los operativos, de las policías municipales, la policía estatal y la Fiscalía de Sinaloa, bajo la idea de que forman parte del problema.
En todas las detenciones hasta ahora, hay un común denominador: La casualidad. Es decir, de acuerdo a la información oficial, a los responsables se les ha detenido a partir de que se muestran sospechosos a la hora de circular por las calles. ¿Se trata de una estrategia dentro la estrategia para evitar que los presuntos criminales aleguen detenciones arbitrarias y violación a sus derechos humanos? O bien para dar la idea de que los métodos utilizados por el nuevo régimen, en su lucha contra la delincuencia, no contempla la ofensiva como prioridad para no contrariar al espíritu obradorista de los abrazos y no balazos.
Por supuesto, lo que se observa en Sinaloa es que las fuerzas federales están haciendo uso ya de la investigación, la confrontación y las detenciones en el marco de las nuevas disposiciones legales aprobadas por el Congreso y que, en la práctica, rompe con el dejar hacer dejar pasar de López Obrador, lo que incluso ha causado molestias en el obradorismo del gabinete porque, en cada golpe que propina Omar García Harfuch, lo ven como un temprano avance de lo que sería la próxima sucesión presidencial. ¿O se enojan porque también sienten que les pisan callo? De ese tamaño.
Y en el caso específico de Sinaloa, lo primero que se nota es que las fuerzas federales han marginado totalmente de sus operaciones contra los grupos fácticos, al gobierno del estado. Se sabe que han dicho que no solo les estorba sino que es del dominio público que por ahí se filtra información.
Incluso, la decisión de cerrar una escuela primaria para convertirla en cuartel, es la expresión más radical en contra de lo que venía pregonando el gobernador Rubén Rocha, en el sentido de que «no pasa nada» y que los padres de familia podían llevar a los niños a la escuela porque había seguridad. Pues bien, esta determinación de las fuerzas que encabeza García Harfuch no solo revienta al no «pasa nada», sino que ahora donde antes había libros hoy hay armas y toda una estrategia de guerra que evidencia el tamaño de la inseguridad, particularmente en Culiacán.
Lo que se sabe es que la instrucción de la presidenta Claudia Sheinbaum es irse a fondo porque Sinaloa es clave en el mapa de los Estados Unidos y especialmente de Donald Trump. También es clave, quiérase o no, sobre todo por la enorme presión externa, el deslinde con el pasado obradorista cuya herencia en materia de seguridad fue el fracaso rotundo: 200 mil muertes violentas y todas la manga ancha para que entraran los precursores químicos de China a México, para que aquí se «cocinara» el fentanilo y luego se enviara a los Estados Unidos.
O la presidenta Sheinbaum convalida este pasado inmediato o sencillamente colabora de frente a la administración Trump que, sin duda, ya cuenta con un expediente de los responsables de dentro y fuera del gobierno.
Si en el caso de la aplicación de aranceles pudiera Trump hacer algunas consideraciones, por eso de que podría darse «un balazo en el pie, en el rubro de su anunciada lucha contra los cárteles mexicanos y la migración, es probable que ahí no se mueva, sobre todo para cumplir con la amplia base electoral que lo llevó al poder y porque ambos temas ofrecen espectacularidad mediática. El policía del mundo en acción y el imperio dando muestras de su inmenso poder, para satisfacción del fanatismo a ultranza y el patriotismo acendrado.
Y el régimen de Sheinbaum lo sabe. O se deslinda de su pasado inmediato en términos de la seguridad pública o corre el riesgo de que los gringos lo vean con desconfianza y hasta como tapadera de lo que ha ocurrido especialmente en los últimos seis años. Por eso la Operación Sinaloa, el bastión del narcotráfico en el mundo, es clave para demostrar hasta dónde se está dispuesto a proceder en la misma frecuencia de los Estados Unidos. Ser o no ser, según el imperio.

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