
CHISPAZO
ENFRENTAR A LA BESTIA
Felipe Guerrero Bojórquez
Dice la presidenta Claudia Sheinbaum que no entiende «por qué Estados Unidos decidió aplicar aranceles a los productos mexicanos, a pesar de las negociaciones bilaterales y el diálogo de alto nivel que mantuvieron los equipos de ambos países». Lo dijo ayer en un mensaje a través de la cuenta oficial de YouTube.
¿Deveras la presidenta no lo entiende? Debería de entenderlo o lo entiende perfectamente bien, pero no lo dice por estrategia. Y quizá haga bien. Es muy sencillo: Donald Trump llegó al poder de los Estados Unidos para imponer su voluntad más allá de tratados comerciales y de normas internacionales que tienen que ver con el respeto y la convivencia pacífica de los pueblos. A un populista y mesiánico de ultraderecha como mr. Orange, no le importa eso. Lo que le importa, por encima de todo, es imponerse.
A Trump no le importa lo que diga la presidenta Sheinbaum en el sentido de que México cumplió con todo lo acordado: Entregar 29 criminales, mandar 10 mil soldados a la frontera norte, disminuir el número de migrantes, decomisar miles de armas, detener a 14 mil criminales, desmantelar cientos de laboratorios para fabricar metanfetaminas y fentanilo etc. Nada de eso le importó al gabacho naranja, quien sencillamente respondió que no estaba satisfecho y que aplicaría los aranceles del 25 por ciento a los productos mexicanos de exportación desde el día de ayer.
¿Qué quiere mr. Trump? Seguir presionando para darle cuerpo a sus tesis de que México funciona como un narco Estado a través de un narco gobierno. Y que así como entregó a 29 criminales que estaban presos, pasando por encima de cualquier ley de extradición, ahora necesita que le pongan en charola la cabeza de algunos políticos de quienes los gringos tendrían pruebas de sus nexos con la delincuencia organizada. Al menos se habla de dos gobernadores, un exfuncionario del régimen pasado y un actual Secretario de Estado. Eso se dice, y mucho, en el contexto de la especulación mediática. Y es que también la clase política en este país, ha ofrecido mucha tela de donde cortar; suficientes elementos para que Estados Unidos le reclame, ante la incapacidad de regenerarse así misma. Mucha corrupción, connivencia, impulso y protección a grupos criminales. De ahí el argumento de que todo esto pone en peligro la seguridad nacional del país vecino. Tampoco la bestia anda errada, a parte de que poco le falta para imponerse y someter al más débil.
A Trump no le interesa que le expliquen que la aplicación de los aranceles en México traerá efectos inflacionarios en Estados Unidos; tampoco que le respondan con una «asamblea»- concentración desde el zócalo de la Ciudad de México, donde el populismo de izquierda se envolverá en la bandera nacional para reiterar que nada está por encima de la soberanía, la libertad y la independencia de México. ¿Cerrar filas por México? Luego que desde el sexenio pasado se ha venido fomentando el odio y la división entre los mexicanos. Sin embargo hay que hacerlo, pero no bajo una convocatoria en la que sigas llamando traidor a quienes tienen el legítimo derecho de disentir.
¿Que la presidenta Sheinbaum tiene muy buena aceptación popular? Si la tiene y, por eso mismo, no ocupa morenizar la defensa de México a través de este tipo de concentraciones, sino buscar la interlocución entre los representantes de todos los sectores sociales, económicos y políticos del país. Escuchar a todos para que de ahí emerjan propuestas consensuadas para enfrentar, ahora si con una gran representación, la crisis que se nos avecina. Es también la oportunidad de la presidenta para enfilar al país por la ruta del consenso. Lo va a necesitar durante los próximos cuatro años. Y mucho.
Al tigre no hay que jalarle los bigotes porque se vuelve peligrosamente irracional. Hay que jugarle en su terreno. La demagogia no funciona contra los soberbios y poderosos; contra los que no quieren escuchar más allá de lo que les interesa. Se trata de saber pegar donde les duele. El adolescente David venció al gigante Goliat solo con una honda y unas cuantas piedras. Le pegó con una de ellas en la cabeza y lo derribó. Luego sacó su espada y lo degolló. Al tiempo se le nombró Rey de Israel.
La presidenta Sheinbaum entonces, debería saber que no somos iguales, empezando por el tamaño y su poderío. Y que la bestia gandalla es capaz de todo a la hora de accionar sus mecanismos insaciables. Capaz de desconocer fronteras y territorios, y tragarse lo que encuentre a su paso. Así es que, sin faramallas y sin demagogias, sin concentraciones populistas, vayámonos poniendo de acuerdo para enfrentarla. Es la única manera de ganarle a la bestia, o al menos reducir los daños en todo lo posible.

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