
CHISPAZO
DESAFÍO AL RÉGIMEN
Felipe Guerrero Bojórquez
Detrás de los asesinatos de Ximena Guzmán y José Muñoz, quienes fungían como secretaria particular y asesor respectivamente de Clara Brugada, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, está sin duda el crimen organizado o una célula criminal de alto nivel.
Por la manera en que el asesino ejecutó la acción violenta y por cómo se desarrollaron los hechos antes, durante y después de la ejecución, se infiere que hubo una calculada planeación profesional.
La espera de 20 minutos del asesino, sentado bajo un poste, previo a la llegada del auto que conducía Ximena; los 40 segundos con las luces preventivas encendidas mientras llegaba José para abordar la unidad, tiempo en que el sicario se incorporó poniéndose enfrente, para luego disparar primero a la conductora a través del parabrisas, luego contra el acompañante que no alcanzó a subirse y de nuevo contra Ximena, todo con frialdad y precisión para después retirarse, abordar una motocicleta y huir. Eso solo lo hace un profesional, alguien preparado y experimentado en estos menesteres.
Es decir, el nivel mostrado por el gatillero, las características y el escenario del hecho, muestran que desde hace tiempo seguían a las víctimas o las tenían espiadas en sus equipos de comunicación. Son muchos los detalles que implican tener información desmenuzada como la hora de llegada de Ximena al lugar, la dirección, el tipo de vehículo, la espera, el arribo de José y la cámara del C-5 “descompuesta.” Estamos hablando pues de una planeación que llevó tiempo afinarla, calcularla y concretarla.
Fue un crimen contra dos representantes «de nuestro movimiento», como lo describió la propia presidenta Claudia Sheinbaum. Es decir, un atentado contra el círculo cercano de quienes ejercen el poder. No fue contra cualquier mexicano, fue contra dos de las personas más cercanas a la jefa de gobierno de una de las ciudades más grandes del mundo, capital de la República Mexicana y coto histórico de la izquierda que gobierna al país. Un crimen que cimbró en vivo, durante la transmisión de la conferencia “mañanera”, a la propia presidenta y al poderoso Secretario de Seguridad Pública Omar García Harfuch.
Por eso el atentado a balazos no es en estricto sentido solo contra Ximena Guzmán y José Muñoz, sino contra el régimen. Contra integrantes emergentes y distinguidos de la 4T y, por lo mismo, la búsqueda de él o los asesinos materiales e intelectuales, la investigación de los hechos, no se quedará en el lugar común de la captura ministerial, sino de descubrir por qué y de dónde proviene el ataque que, por lo que se infiere, tendría como objetivo central eliminar personajes de alto perfil dentro del grupo que ejerce el poder. Está demás decir que, entre otras cosas, el mensaje es para la Jefa de Gobierno Clara Brugada, con copia certificada para la propia presidenta Claudia Sheinbaum.
Desde ayer, a los minutos del trágico suceso, ahora sí «toda la fuerza del Estado» se dejó ir en contra del asesino material y su o sus acompañantes. La instrucción de García Harfuch es capturarlos en las próximas horas, cercarlos para que no alcancen a salir del área metropolitana. Ellos son la pieza clave que llevará hasta quienes ordenaron los asesinatos. Capturar, en estas condiciones, a un chivo expiatorio sería hacerse tontos solos, porque no se trata de quedar bien con el resto de la sociedad sino de dar con un enemigo peligroso para el círculo que ejerce el poder. Nadie hasta ahora se había atrevido a tanto, a desafiar al régimen, de modo que no se trata de agarrar a cualquiera para aparentar eficiencia, sino de ir por la cabeza de alguien sumamente peligroso para el régimen, que puede repetir la acción para sembrar el miedo, presionar y obtener beneficios económicos y políticos. Las próximas horas serán cruciales en la persecución y captura de él o los responsables. Habrá pronto noticias.

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