
CHISPAZO Felipe Guerrero Bojórquez
Cuando el mérito se rifó en una tómbola
En su mensaje de abril pasado, el gobernador Rubén Rocha fue más claro que prudente: Yeraldine Bonilla no llegó al Congreso por sus méritos, sino porque era “una meserita” que ganó en “la tómbola”.
Nada más. Ni metáfora ni lapsus: así lo dijo.
La carga de misoginia o desprecio quedó en la interpretación de cada quien, pero el asunto no terminó ahí. Ayer, cuando algunos medios desempolvaron el video, Rocha quiso suavizar la metralla y escribió en X:
“Si en ese momento utilicé una descripción que pudo resultar polémica y fuera de lugar, dejo una disculpa”. Tarde, y mal. Porque una disculpa que llega con cálculo político no redime el desprecio, solo lo adorna.
Rocha dijo sentirse orgulloso de haber designado, “por primera vez en la historia de Sinaloa”, a una mujer como Secretaria General de Gobierno. Lo que no dirá nunca es que también es la primera vez que llega ahí alguien sin la experiencia ni el conocimiento para sostener el peso de esa oficina, justo en tiempos donde la violencia se desborda y los conflictos sociales piden cerebro, no correligionarios.
Tampoco dirá que el mérito de Yeraldine Bonilla no está en su currículum, sino en su filiación: es de MORENA y allegada al senador Enrique Inzunza.
Si realmente les preocupara la gobernanza, habrían volteado a ver a los juristas, politólogos, administradores y especialistas que Sinaloa tiene de sobra. Pero no: lo importante es la lealtad de partido, no la capacidad para gobernar.
La historia reciente lo confirma. Ni siquiera Feliciano Castro, con su perfil político y verbo de tribuna, pudo con el paquete en la Secretaría General. Hoy lo mandan a Economía, un sitio para el que no está preparado, y la raza en las redes le dedica un un meme que lo pinta de cuerpo entero: “Ahora resulta que, además de poesía, sabe de economía.”
El meme lo describe mejor que cualquier análisis académico. Porque aceptar un cargo para el que no se tiene ni noción, solo por seguir en la nómina o en la grilla, no es humildad ni compromiso: es deshonestidad intelectual.
Pero, ¿por qué asombrarse? Dicen que “no son iguales”, y en efecto: resultaron peores.
El gabinete rochista se ha vuelto un concurso de afinidades, una tómbola de mediocridades. Los perfiles que ahí abundan lo dicen todo, con sus muy contadas excepciones.
Puesto por puesto, el mérito se mide en compadrazgo, amigo, ahijado, socio o familiar. Lo demás no importa. La regla que rige a los gobiernos de la 4T es simple: 90 por ciento de lealtad, 10 por ciento de capacidad.
La llegada de Yeraldine Bonilla a la Secretaría General de Gobierno no marca un hito feminista: marca la decadencia de la meritocracia. No es la historia de una mujer que rompe techos de cristal, sino la de un gobierno que rompe los cimientos de la sensatez.
Y mientras tanto, Sinaloa mira. El empresariado también. La sociedad es espectadora atónita ante la frivolidad con que se reparten cargos. Como si en esta tierra no hubiese economistas capaces, ni servidores públicos de verdad, ni ciudadanos con la altura que exige gobernar un estado de conflictos, contrastes y heridas.
Da pena, neta, pena genuina, que alguien con la trayectoria del Dr. Rubén Rocha Moya termine vapuleado públicamente como ningún otro gobernador de Sinaloa.
Hay oportunidades en la vida que son únicas, y él la tuvo. A cuatro años de su gobierno, las pérdidas pesan más que las ganancias.
El 2026 inicia el declive formal.
El reloj político ya marcó el fin del sexenio, aunque él todavía no haya escuchado la alarma.

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