CHISPAZO/ Felipe Guerrero Bojórquez REALIDAD CONTRA DISCURSO

CHISPAZO/ Felipe Guerrero Bojórquez  REALIDAD CONTRA DISCURSO

CHISPAZO/ Felipe Guerrero Bojórquez

REALIDAD CONTRA DISCURSO

La presidente Claudia Sheinbaum vino a Sinaloa a tratar de convencernos de que la percepción de la realidad que vivimos no es cierta. Que la economía está reactivada, que los homicidios han bajado 50 por ciento, que hay coordinación ejemplar con el gobernador Rubén Rocha Moya, y que Sinaloa no está solo, que cuenta con ella y su gabinete de seguridad. Eso siempre ha dicho cada vez que visita Sinaloa.

Mientras la reunión con el gabinete de seguridad y la conferencia mañanera se desarrollaban, en el Infonavit Jabalíes, en Mazatlán, yacía sin vida Rubí Patricia Gómez Tagle, madre buscadora, integrante del colectivo Corazones Unidos por una Misma Causa, asesinada con arma blanca y quien buscaba desde hace meses a su hijo desaparecido.

Pero de eso, y de otros dramas provocados por la inseguridad, no se habló en la mañanera itinerante, porque esos temas no caben en la narrativa del “no pasa nada” ni en la del “vamos muy bien».

La presidente dijo que México es un país seguro, que los turistas del Mundial vivirán “los mejores momentos de sus vidas”. Por supuesto, hay compromisos con la FIFA y boletos ya comprados. Por eso conviene vender tranquilidad y un ambiente de normalidad que nada tenga que ver con las imágenes de incendio del domingo pasado. Es que aquí, en México, lo que vieron desde sus países no es guerra, son incidentes, pero ustedes, visitantes, quedarán blindados y felices. Y al final que así sea, por el bien de todos, del país, del fútbol y sus millones de aficionados.

Sheinbaum insistió, durante la mañanera, que la violencia en Sinaloa se detonó por la división interna del Cártel de Sinaloa tras la extracción de Ismael Zambada García. Es decir: si eso no hubiera ocurrido, seguiríamos viviendo, como desde hace muchos años en Sinaloa, en una suerte de pax narca administrada. Una paz negociada. Una estabilidad condicionada y una economía infiltrada.

Y aquí surge lo elemental:

¿El Estado mexicano no tiene capacidad de inteligencia propia para explicar lo que pasó aquél 25 de julio de 2024 en Huertos del Pedregal, en Culiacán?

¿Debe esperar a que Washington le diga qué ocurrió a sabiendas de que los gringos nunca se lo dirán?

La Fiscalía General de la República abrió carpeta por la extracción de El Mayo Zambada y por el asesinato de Héctor Melesio Cuén. Hubo incluso un video burdo que intentó desvirtuar los hechos. Hay declaraciones públicas de los protagonistas, Joaquín Guzmán López e Ismael Zambada; hay testimonios, hay líneas de investigación. Pero no hay conclusión pública. No hay versión estructurada. No hay claridad. ¿Por qué o quien atoró a la FGR? Es solo una pregunta natural, alejada de todo intento de sospecha.

Volviendo a la gira, la presidente arribó en avión del Ejército, blindada por las fuerzas armadas. El ambiente no exige otra cosa. Hace bien la mandataria.

Eventos anunciados de última hora fue también parte de la estrategia de seguridad.

Y los actos masivos se sustentaron en movilización pagada y en una convocatoria a funcionarios de todos las dependencias y niveles de gobierno. El pasado, más presente que nunca.

Los discursos dirigidos al pueblo bueno y la entrega de tarjetas del Bienestar fueron parte central de los eventos.

En San Ignacio se repitió la liturgia del “nuevo régimen surgido del pueblo”, en un municipio que aún no sabe dónde quedaron los 20 millones de pesos ganados en la rifa del avión presidencial para su Hospital General. El boleto número 5943830 del sorteo especial 235 existe. El dinero, quién sabe. Y no hay evidencia de que al nosocomio se le hayan hecho mejoras importantes.

En Culiacán se dio el banderazo de inicio del Hospital Regional del IMSS, construido por ingenieros militares “los mejores del mundo” subrayó la Presidente. Un nosocomio con capacidad de 395 camas y de ofrecer 48 especialidades para no ir a otras partes del país como Ciudad Obregón o Guadalajara. De nuevo, reuniones con maiceros donde se habló de comercialización y precios de garantía. Las becas y los apoyos del bienestar siempre estuvieron presente. Todo eso suma y es importante. Nadie lo discute.

Pero hay asuntos centrales y sensibles para nuestro desarrollo que no han sido abordados plenamente u otros que ni siquiera se tocan. Por ejemplo, la Presidente no traía en su agenda el reunirse con colectivos de búsqueda de desaparecidos, un tema tan sensible que ha puesto en el mapa nacional a Mazatlán como una de las ciudades con más desapariciones forzadas. De la carretera San Ignacio–Tayoltita se habló, y aunque está a punto de concluir la gente pide seguridad, y pregunta si ya le pidieron permiso a los malos para transitar esta rúa solitaria y clave para enlazar esa región de Durango con Sinaloa. ¿Qué ha pasado con los módulos de riego de la Presa Picachos y Santa María?. De la primera se sabe que el sistema de riego le falta desarrollarse, y de la segunda que la construcción de infraestructura aún sigue atorada. Son dos obras que sin duda detonarán de manera importante la economía del sur del estado. Y la flota pesquera de Mazatlán ni quien la pele. Casi desaparecida, con apenas 150 barcos de 550 que tenía hace una década parece un cementerio de pueblo fantasma. Mientras que el sector social de la pesca y el cooperativismo se extinguen, la industria de astilleros permanece paralizada. Tampoco alguien hizo referencia a la crisis terrible de los acuicultores, que ven pasar tráileres con camarón ecuatoriano por aduanas que no los revisan. Una especie de huachicol camaronícola.

Ni de los comercios que bajan cortinas principalmente en Culiacán y Mazatlán. ¿Y el turismo? «Vamos requetebién». Todo indica que los turisteros de Mazatlán prefieren callar porque suponen que así les va mejor. Se quejan en corto, pero a la hora de dar la cara avalan sin chistar las cifras oficiales. Sus razones tendrán.

Tampoco, por supuesto, nadie se atreve hablar sobre las inversiones que se han ido o no llegan .

Se presume la detención de miles de “generadores de violencia”. Nadie sabe dónde están. Las estructuras criminales, en cambio, siguen operando con la intensidad de siempre, como el primer día de la guerra.

Todo esto es imposible minimizar y tapar a base de narrativa triunfalista y boletines de prensa.

Sinaloa no está solo, asegura Sheinbaum.

Pero tampoco está en paz.

Entre el discurso y la calle, entre lo que se dice y se padece hay una distancia que no se cubre con aplausos ni con giras relámpago. Se cubre con verdad, con reconocimiento y autocrítica, con compromisos con los miles de mexicanos y sinaloenses víctimas directas e indirectas de la violencia. Se cubre con desmantelamiento real de las redes criminales, incluidas las de cuello blanco, y con políticas que no castiguen al que invierte mientras se premia solo a los sectores dependientes del recurso público. Qué bueno que se apoye al que menos tiene, pero no que se partidice y politice el reparto de un recurso público que, por lo mismo, se elevó a rango constitucional.

La gira dejó un banderazo en marcha, becas entregadas, movilizaciones pagadas e innecesarias, porras bien organizadas que, por el contrario, le resta legitimidad al esfuerzo presidencial.

Lo demás, la violencia, la incertidumbre, la economía castigada, sigue aquí.

Y esa realidad, por más que se niegue, es imposible cancelarla a base de discursos, de forzados asistentes a mítines y de conferencia mañanera.

 

 

 

 

 

 

 

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