Cambia tus creencias, cambia tu vida


Este año 2020 marcado por la pandemia del Covid19 ha sido uno en el que, dentro de tantas y diversas lecciones individuales y colectivas, destaca una que a mi parecer puede contener la clave para una vida mejor y que, aunque en esta ocasión nos tocó hacerlo por la fuerza, encierra un gran aprendizaje para el presente y futuro: es posible cambiar de creencias y de forma de vivir.

Aún recuerdo hace un par de años en algunas oficinas públicas, los titulares de unidades administrativas reprobaban completamente el llamado “trabajo en casa” e incluso en muchas ocasiones lo penalizaban y tácitamente lo prohibían en sus reglamentos, mientras que este 2020, desde marzo pasado en México, esta modalidad es prácticamente la habitual e incluso recomendada por las autoridades sanitarias como parte de las medidas ante la alerta que aún vive nuestro país por el grado de contagios que siguen vigentes.

Me vienen a la memoria mis años como estudiante de comunicación en el Tec de Monterrey a finales de la década de los 80´s, cuando en nuestra clase de seminario de comunicación organizacional, el maestro que era un joven director de carrera, estudioso y visionario, nos comentaba a sus incrédulos alumnos, que en un futuro no muy lejano, las juntas de trabajo serían por video conferencia y estaríamos entrando a una era tecnológica de la comunicación que nos acercaría a la aldea global de Marshall McLuhan.

Quienes venimos de esa generación hemos transitado la vertiginosa era tecnológica de la comunicación y nuestros hijos o nietos jamás imaginarían que, cuando fuimos estudiantes, como en mi caso, foráneo, había que hacer fila en una caseta telefónica para poder llamar a la familia a un teléfono fijo, que no existían los celulares o móviles, el correo electrónico, la internet, ni la tecnología digital que hoy nos permite hacer de todo con solo un clic.

¿Cómo ha sido posible todo eso en apenas poco más de tres décadas? Sin duda la respuesta es porque un grupo de mujeres y hombres visionarios lograron cambiar sus creencias individuales hasta convertirlas en nuevos valores colectivos.

Así sucedió seguramente a las generaciones de inicio del siglo 20, los de antes de las guerras, para quienes el automóvil y el aeroplano eran inventos inauditos que habrían de marcar la industrialización de la sociedad y del planeta, junto con otros inventos y descubrimientos de la época.

Sin temor a equivocarme, soy un convencido de que quienes han roto paradigmas y se han atrevido a cuestionar dogmas y sistemas de creencias y valores, han sido los grandes revolucionarios de la historia humana.

Si nos atreviéramos a pensar en que no es necesario ser un genio o un gran descubridor para lograr una revolución, comenzando por uno mismo, con el solo hecho de tener el valor de poner en duda lo que creemos y crear nuevas ideas, conceptos y valores, estaríamos a la puerta de los cambios que valen la pena.

En la actualidad, diversas modalidades de desarrollo humano tienen su enfoque justo en el cambio de sistema de creencias.

La terapia racional emotiva conductual (TREC) en la psicoterapia, el ho’oponopono como técnica de meditación y oración para cambiar memorias dolorosas, las técnicas del takeaway(para llevar), la programación neurolingüística, el proceso Dickens de Tony Robbins para enfrentar las creencias limitantes y sustituirlas por creencias potenciadoras, el reiki como herramienta energética para que en el camino espiritual se logren enfrentar las limitaciones personales, son sólo algunas de las formas en que hoy los seres humanos buscamos eliminar nuestros miedos, romper paradigmas y crear nuevas realidades.

¿Alguna vez pensamos que la vida de pareja podría vivirse en la diversidad? Hace algunas décadas era además de un tabú, un estigma sumamente negativo (en algunos nichos sociales o comunitarios aún lo es), por lo que habría sido prácticamente imposible hablar de los derechos de las personas pertenecientes a la comunidad LGBTTIQ o reconocer la legalidad del matrimonio que no fuera exclusivamente heterosexual, dos realidades posibles hoy en México y en muchos países del planeta.

Entre las frases que se escuchan, aprenden y practican en las citadas técnicas de desarrollo humanos están algunas como “cambia tus creencias y cambiarás tus pensamientos”; “cambia tus pensamientos y cambiarás tus acciones”; “cambia tus acciones y cambiarás tu vida”.

El romper barreras y cambiar 180 grados es uno de los motivos por lo que es fascinante el trabajo en adicciones, codependencia, conductas compulsivas y desarrollo integral, sobre todo cuando se ven resultados y casos de éxito en quienes tienen la confianza para dejarnos acompañarles.

¿Es posible cambiar? Esa es una de las preguntas más recurrentes que nos hacen al iniciar los procesos, a lo cual respondemos que hemos sido testigos de auténticos milagros, que son un motor para seguir creciendo y agregando valor a la vida de otros.

Uno de los ejercicios que elegimos sugerir a nuestros consultantes es justamente el de hacer una lista de sus creencias actuales, independientemente de si éstas son producto de la familia, de la sociedad, de la religión, de los sistemas educativos, de los medios de comunicación masiva o, de los regímenes ideológicos gobernantes.

Ya que se tiene la lista de las creencias de todo tipo, chicas, grandes, superficiales o profundas, les pedimos que se atrevan a preguntarse cuáles les son útiles en la actualidad, cuáles ya no están vigentes y cuáles están siendo un obstáculo en su crecimiento individual y la liberación de los patrones que no son suyos.

“¡Atrévete a sacudir tu sistema de creencias y valores! ¡Pregúntate si comulgas con lo que te enseñaron o ya no estás de acuerdo! ¡Cuestiona los modelos de las generaciones anteriores y date el permiso de diseñar los tuyos propios, en el marco del respeto interpersonal!”, son algunas de las claves que les damos para hacer esta tarea que en ocasiones lleva semanas o meses.

“En mi casa todos beben”, es un ejemplo de creencia convertida en hábito y en valor que debe modificar una persona con problemas de alcoholismo. “Las niñas no juegan futbol”, es una creencia limitante para que una estudiante pueda acceder a su deporte favorito que hace algunos años era exclusivo de los hombres. “Las mujeres debemos tener hijos y formar un hogar”, es un valor que está impidiendo el desarrollo de una mujer que desea su autorrealización o tiene alguna orientación sexual diferente a la de sus padres.

“Recuerdo que cuando era pequeña mi padre me empujó a la alberca sin saber nadar, para obligarme a que lo hiciera por sobrevivencia”, podría ser una memoria dolorosa de alguien que haya desarrollado fobia al agua.

El ejercicio hasta aquí podría ser doloroso incluso, teniendo que volver a sentir lo que durante años o décadas ha manejado el inconsciente de la persona, que muchas veces, por temor a enfrentarlo, deja que siga gobernándole, mientras que, en otros casos, por lealtades familiares o sociales, sigue aceptándose ese freno o creencia limitante, con frases como “es que no quiero decepcionar a mis padres”, “es que mi madre sufrirá mucho si se entera”, “es que me importa mucho el qué dirán”.

Es por ello por lo que se requiere un acompañamiento especializado para romper estas creencias y que la persona se atreva a diseñar las propias, que le permitan descubrir todo el poder en su interior.

Así, si una mujer pensaba que las personas de su género no practicaban ejercicio con pesas porque se convierten en musculosas como los hombres, hoy pueden destruir esa creencia y decirse a sí mismas: “la verdad es que el ejercicio con pesas me beneficia en la salud, me hace ver más bella y me tonifica mi cuerpo”.

A la señora que le tiene miedo al agua podría decirle: “esa creencia la mantuvo a salvo muchos años, con una gran dosis de angustia, la verdad es que ahora usted y el agua pueden convivir y no pasa nada”.

Y si esos pequeños pensamientos que causan verdaderas angustias o pueden llegar a sabotear nuestras vidas con la teoría de la profecía auto cumplida, mejor, como decía el Chicharito Hernández, “imaginemos cosas chingonas”.

Estamos eligiendo un ejemplo muy sencillo, para mostrar que por supuesto es posible cambiar. ¡Deja de sufrir! ¡Enfrenta tu miedo, sin miedo! ¡Toma las riendas de tu vida! ¡Deja de vivir para los demás! ¡Cambia tus creencias y cambia tu vida!

Hasta la próxima semana.



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