En la casa de estilo neoclásico, construida por el clérigo José María Velarde (1802), que disfrutó bien hasta su muerte (1819), existe un repositorio de historia por demás interesante. Se trata de un acervo documental que data desde 1580 y viaja hasta nuestros días aciagos.
Los fondos que congrega, llamémosles también contenidos documentales, están divididos en dos grandes rubros: 1) Fondos coloniales y, 2) Fondos del México Independiente.
De los primeros derivan el de Notarías, es decir, instrumentos de los originarios escribanos del Cabildo leonés, y luego sobreviene el Fondo Alcaldía Mayor que desde 1580 hasta 1787 habla de agricultura, asuntos eclesiásticos, beneficencia pública, elecciones y partidos, educación, asuntos eclesiásticos, entre otros temas.
Por cierto, desde 1998 el repositorio del que hablo está debidamente ordenado con la serie de Catálogos que cumplen su función básica: servir de guía para los investigadores en general, así como a los ciudadanos interesados en la historia.
La casa aludida se convirtió, desde 1851 hasta 1864, en hospicio de pobres. Luego quedó abandonada —pero ya en poder del gobierno local— fue utilizada como “depositaría municipal”. En 1908 se convirtió en la cárcel de mujeres que sirvió como extensión de la de hombres (1902).
Pero volvamos al repositorio que abre esta entrega semanal y que algunos dudan que perviva, o bien, afirman que solo se tiene y se puede sacar información a secas: un cúmulo ligado a la historia para hacer crónica llana o reportajes periodísticos de ocasión.
Allí se tienen otros fondos como: la Mapoteca ligada al INEGI; la Hemeroteca con periódicos desde 1858; la Fototeca; el Museo de Arqueología; la Biblioteca de Historia y Ciencias Auxiliares que, de manera trágica, fueron tirados al kilo de papel más de mil libros hace dos años. Aunque la institución habló de una “donación” a las bibliotecas públicas.
Del citado gabinete público de lectura mermado a nuestros días, no se tiene un programa formal de donación de libros, ni criterios de selección, mucho menos presupuesto para comprar lo fundamental que sume a la textoteca.
Seguro que más de alguno ya supo de qué repositorio hablo. Es por supuesto el Archivo Histórico Municipal de León, AHML que desde 1948 tiene vida. Allí, en el número 216 de la calle Justo Sierra, Centro Histórico de la Ciudad, se encuentra un lugar adonde se puede recurrir para saber de la ciudad. No hay que buscar más.
Así pues, la invitación consiste, para quien haga la Crónica leonesa, en hacer estrictamente el trabajo del cronista, que no escribe historia, someterlo a las más encontradas opiniones y, en último término, reescribir la crónica en su integridad si es necesario (Usigli, 1965).
Que se entienda que esto no es un envite. Es saber de historia.
* Poeta leonés. Editor fundador de Grupo Ochocientos y actual director del Centro de Investigación y Estudios Literarios de León (CIEL-LEÓN).