CHISPAZO

CHISPAZO



CHISPAZO
Felipe Guerrero Bojórquez
“ALGO TENDRÁ QUE HACERSE CON MÉXICO”
Las presiones del imperio sobre el gobierno mexicano ya no son insinuaciones diplomáticas ni retórica discursiva. Son advertencias abiertas, cada vez más claras y más duras.
No lo dice Marco Rubio, quien hace apenas semanas hablaba de una “buena cooperación” en materia de seguridad;
lo dice —y lo repite— Donald Trump: que en México no manda la Presidente, sino los cárteles de la droga, y que “algo tendrá que hacerse con México”.
No es cualquier frase.
A estas alturas ya no puede leerse como discurso, amenaza o fanfarronería. Es un aviso. Uno de esos que, en la lógica estadounidense, anteceden a la acción.
El mensaje es sencillo y puntual: cualquier día de estos, los gringos vendrán por los verdaderos jefes del narco… y por sus protectores políticos.
Hasta hoy, la estrategia de seguridad del gobierno mexicano ha sido un ejercicio de simulación dirigido al exterior. Se ofrecen detenciones espectaculares de operadores, decomisos de armas, desmantelamientos de laboratorios y una supuesta baja en delitos de alto impacto. Todo pensado para tranquilizar a Washington.
Pero puertas adentro, los ciudadanos viven otra realidad: una estructura criminal intacta, operando sin pudor.
El gobierno presume una reducción de hasta 37% en los crímenes de alto impacto. Sin embargo, en Sinaloa, Michoacán, Veracruz, Guanajuato, Chihuahua y Guerrero, los asesinatos siguen siendo parte de la rutina diaria. Muchos, además, reclasificados para no engrosar la estadística.
Tan solo Sinaloa cerró 2025 con 1,654 homicidios dolosos, la cifra más alta en una década, pese al despliegue de más de diez mil elementos federales enviado hace más de un año.
Otra cifra oficial roza lo inverosímil: 38 mil criminales detenidos. La pregunta es obligada: ¿Dónde están? ¿En qué cárceles? ¿Cuántos siguen presos y cuántos ya fueron liberados?
Mientras tanto, el paisaje nacional es negro: extorsión, ejecuciones, cobro de piso, secuestros, robo de cosechas, control de carreteras, corrupción sistémica y ocupación de espacios de poder por parte de los cárteles.
¿Le importa todo esto a Estados Unidos?
Probablemente parte de ello.
Lo que sí le importa —y mucho— es el dinero: los millones de dólares triangulados vía empresas, prestanombres y estructuras gubernamentales. Los activos, las propiedades, las cuentas. Y seguramente le preocupa el control que sobre el gobierno tiene el crimen en diversas regiones, donde la autoridad formal la ejerce el partido de Sheinbaum.
Y pretextos no les faltarán. Bastará invocar la “seguridad nacional”, la misma bandera que usaron en Venezuela, donde no derrocaron a un presidente, sino que fueron por un narcoterrorista que se negó a negociar.
Hoy, Estados Unidos ya no negocia: impone. Y cobra. Allá fue con petróleo. Aquí será con dólares, bienes raíces y redes financieras completas, bajo el argumento de que el fentanilo ha matado a miles de ciudadanos estadounidenses.
¿Vendrán también por políticos de MORENA? Todo indica que sí.
Y no por muchos. Bastará con sacrificar a dos o tres gobernadores para mandar el mensaje. Los nombres ya circulan con insistencia: Tamaulipas, Sinaloa.
El problema para la 4T es interno: proteger a los suyos es una cuestión de supervivencia política. Enjuiciar a los señalados sería aceptar la pudrición del modelo y perforar su línea de flotación moral: no robar, no mentir, no traicionar.
La pregunta ya no es si Estados Unidos intervendrá. La pregunta es hasta dónde.
Las propias palabras de Trump lo confirman:
“Algo tendrá que hacerse con México”, si la Presidenta tiene miedo y “si quienes gobiernan son los cárteles”.
Traducción directa: Ahí les vamos.
Porque ustedes, señoras y señores del gobierno mexicano, ya demostraron que no tienen remedio.
¡Zaz!

(Feed generated with FetchRSS)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *