CHISPAZO. Felipe Guerrero Bojórquez

CHISPAZO. Felipe Guerrero Bojórquez



CHISPAZO. Felipe Guerrero Bojórquez
ENTONCES..¿QUIÉNES SON LOS TRAIDORES?

Cuando la ideología gobierna, la hipocresía aflora, sobre todo cuando a conveniencia se habla de “juicios justos”.

La presidenta Claudia Sheinbaum exige hoy un “juicio justo” para Nicolás Maduro, acusado de narcoterrorista por Estados Unidos. Curioso: jamás, ni ella ni su antecesor, pidieron un juicio justo para Genaro García Luna. Ahí no hubo garantías, ni matices, ni llamados al debido proceso. Ahí hubo silencio, consigna y aplauso.

Y no es que el funcionario del gobierno de Calderón fuera necesariamente inocente, pero la presunción exige el esclarecimiento justo y aquí nunca lo hubo. Todo lo contrario: hubo condena y saña. Lo dicho: la ideología es selectiva y aborrece el equilibrio constitucional.

Igual que la hipocresía, el cinismo no tiene fronteras. Vladimir Putin reclama la no intervención estadounidense en Venezuela mientras mantiene, desde hace dos años, ocupada a Ucrania. Maduro clama soberanía después de robar elecciones, aplastar y mandar asesinar opositores, encarcelar disidentes, empobrecer a su país y regalar el petróleo venezolano a sus aliados políticos. Exactamente el mismo libreto que aplauden desde México.

Y entonces aparecen los radicales de Morena —con Fernández Noroña a la cabeza— rasgándose las vestiduras para defender a un dictador detenido por narcoterrorismo. Sea o no cierta la acusación, Maduro no es ningún demócrata incomprendido: es un autócrata que convirtió al Estado venezolano en maquinaria de represión y al petróleo en moneda política para Rusia, Cuba y sus cómplices.

No es casualidad que a Maduro se le acuse de operar la empresa petrolera estatal junto a socios del narcotráfico. Tampoco es casualidad que en México florezca el huachicol fiscal, la economía criminal y la protección política. Dios los hace y ellos se juntan.

Por eso no sorprendió que López Obrador saliera de su madriguera a defender al dictador venezolano. Sacó la cabeza… y la respuesta fue inmediata: bulla, pedradas mediáticas y rechazo social. Como su libro Grandeza: solo se supo de él unos días, hasta que su “hermano” Adán Augusto compró miles de ejemplares para repartirlos entre senadores guindas que no leen ni los instructivos, mucho menos los libros y menos aún las iniciativas que aprueban por consigna.

Estados Unidos fue claro en su justificación, como su propia violación hecha a un territorio: En Venezuela no se trató de una invasión ni de una ocupación, sino de una acción policial para ejecutar un mandato legal contra un “presidente entre comillas”, descrito como «narcoterrorista ilegítimo». Traducción simple: Maduro no saldrá pronto y Washington no escuchará llamados tardíos a la justicia selectiva, como lo ha hecho la Presidente Sheinbaum.

Nadie defiende el intervencionismo. Pero tampoco se puede exigir con media voz. Un gobierno, como el de México, que calló ante el fraude electoral en Venezuela, que tolera pactos criminales en casa y que se abraza con dictaduras, no puede pontificar sobre democracia.
Nadie duda que el Estado Mexicano convive con el crimen, al grado que lo ha normalizado y también usado; entonces el crimen para el Estado, en el caso de nuestro país, ha dejado de ser un problema y se ha convertido en política pública. Y es que en no pocas regiones el poder público es controlado por los grupos de facto. Es cosa de que le pregunten a la mayoría de los alcaldes donde gobierna formalmente MORENA.

Y en los regímenes autoritarios, incluido el que impera en México,
el crimen no es un accidente, es parte del sistema. Y esa condición es justamente de la que se agarra el imperio para implementar sus nuevo métodos de intervención.
Entonces, ¿Quiénes son los traidores a la patria? Es solo una pregunta inocente.

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