CHISPAZO | Felipe Guerrero Bojórquez

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CHISPAZO | Felipe Guerrero Bojórquez
¿QUIÉN ES EL TERRORISTA?
*Para los periodistas serios y comprometidos.

El caso Venezuela, por su impacto, mediáticamente ha relegado al trenazo interoceánico y el encarcelamiento, por «terrorismo», de Rafael León, periodista de la nota roja en Veracruz, y cuyo tema hoy se aborda.

Hay en esto una línea. Una línea peligrosa. Y esa línea ya fue cruzada.
Cuando el Estado mexicano se atreve a acusar de “terrorista” al periodista, Rafael León en Veracruz, por informar sobre hechos policiacos, no estamos ante un exceso aislado ni un error jurídico: estamos frente a una política de intimidación, una advertencia, una amenaza y un mensaje con destinatario claro: informar libre y profesionalmente tiene costo.

Entonces la locura del autoritarismo se vuelve evidente y sus cadenas represivas se sueltan para atrapar, sin rubor, todo lo que le incomoda.

Mientras el crimen organizado lanza drones y coches bomba, incendia casas, negocios y transportes, bloquea carreteras, utiliza armas potentes y siembra el terror real en amplias regiones del país, el aparato del Estado decide actuar, no contra los violentos, sino contra quien documenta la violencia. El mundo al revés.

Ahora resulta que dar una primicia, llegar antes que la policía a los acontecimientos, confirmar datos por fuentes propias y publicar información verificada, es atentar contra la sociedad y las instituciones de seguridad pública, como estúpidamente lo expone la Fiscalía del Estado de Veracruz.

Ahora el delito no es matar, quemar o extorsionar: el delito es contar lo que ocurre antes de que la versión oficial sea maquillada, editada o convenientemente mutilada y publicada.

Bajo esta lógica perversa y represiva, el periodismo solo sería válido si se limita a repetir boletines, a reproducir comunicados fríos y tardíos, a aceptar sin chistar una narrativa oficial que, lo sabemos de sobra, oculta, minimiza o distorsiona los hechos cuando estos incomodan al poder. Y eso ya no es información. Eso es vil propaganda.

Los periodistas y los críticos no estamos viendo excesos aislados, sino muchos compañeros en sus regiones padecen actos claros de represión institucional, traducidos en criminalización selectiva, uso del derecho penal como garrote y castigos ejemplares para que los demás aprendan la lección.

Y entonces la pregunta que obligadamente se impone, que incómoda, inevitable: ¿Quién es el terrorista? ¿El periodista que ejerce un derecho constitucional y cumple su función social? ¿O el Estado que persigue, encarcela, silencia y reprime la libertad de expresión mientras tolera, o es incapaz de frenar, al verdadero terror?

Cuando informar se convierte en delito,
cuando investigar es tratado como conspiración, cuando la verdad es vista como amenaza, el problema ya no es el periodismo, el problema es el régimen autoritario y eso, justamente, sí es un TERROR que debería alarmarnos a todos como sociedad, no solo a los comunicadores

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