
CHISPAZO. Felipe Guerrero Bojórquez
NO ES POR VIOLENCIA QUE CIERRAN LOS NEGOCIOS: ROCHA.
Ahora resulta que los negocios en Culiacán no cierran por la crisis que ha provocado la violencia, sino porque cumplen «su ciclo de vida de dos años. Y por política”.
Si, eso lo acaba de declarar el gobernador Rubén Rocha y uno se queda pasmado, incrédulo, patidifuso ante tales argumentos.
Nomás falta que diga que la violencia es condición de felicidad, a la hora que se nos disipa el susto o el miedo, luego de sufrir una agresión o pasado el estruendo bélico que con frecuencia mantiene con el Jesús en la boca a la ciudad.
No importa el tamaño de la mezquindad y el grado de vulgaridad del argumento, con tal de enviar la terca señal de que en la caída de la economía de Culiacán y de Sinaloa nada tiene que ver la violencia.
Es increíble que el Dr. Rubén Rocha no valore el tamaño y las consecuencias de sus declaraciones. No es de extrañarse, desde luego, la facilidad para expresar, a la vieja usanza política, conceptos que ofenden y lastiman el sentido común pero, sobre todo, a aquellos que perdieron su patrimonio de años a causa de la violencia imparable y de haber sufrido las consecuencias directas o indirectas de la misma.
Por eso el rechazo popular y por no tener la entereza de aceptar un fenómeno que su gobierno heredó debido a circunstancias que tal vez él no generó. Hay una prueba fehaciente de ello: En sus primeros tres años, a pesar de la escasa obra, Rocha encabezó, entre los gobernadores a nivel nacional, las encuestas de preferencia popular. Pero a partir de diciembre de 2024, debido al secuestro de Ismael «El Mayo» Zambada en junio de ese año y luego del inicio de la guerra entre las facciones del Cartel de Sinaloa, su imagen se vino en picada al grado que casi todo el 2025, y hasta ahora, ha ocupado el último lugar de preferencia de todos gobernadores del país.
A pesar de que 8 de cada 10 sinaloenses lo rechazan, el Dr. Rocha se empeña en hacer este tipo de declaraciones que le generan en automático antipatía social. Pero todo indica que no le importa porque él está convencido de que todo esto «es política» y tiene que ver con los enemigos de la 4T, es decir los opositores; esos que cuando conviene les otorgan una gran capacidad de convencimiento y movilidad social o bien les dicen que no llenan una combi.
Al Sr. Gobernador le cuesta trabajo aceptar que el rechazo popular no es por «política» ni tiene que ver con la «oposición» formal, sino que viene de los ciudadanos que no ocupan de posicionamientos ni arengas partidistas para manifestar su inconformidad y repeler todo lo que huela a gobierno del estado.
Porque no es solo la violencia y la falta de obra pública lo que ha provocado el malestar social, sino la idea sólida, en el imaginario popular, de la existencia de no pocos actos de corrupción y de imposición de familiares, amigos, compadres y socios en cargos públicos. No únicamente en el gobierno estatal sino en la mayoría de los ayuntamientos, los que por cierto se encuentran abandonados, sin dinero y en manos de la delincuencia.
Son cientos los negocios cerrados en Culiacán y miles de ciudadanos que se quedaron sin trabajo. ¡Aah! ¡Eso sí! el flamante Secretario de Economía, Feliciano Castro, hablando de apoyo a las microempresas, tomándose la foto con un puñado de tianguistas a los que les lleva una mesa, una silla y un paraguas y, en otros casos, a los micro emprendedores de fritangas los apoyan con cacharros, cazuelas y sartenes, en vez de abrirles vías de financiamiento y ofrecerles modelos de negocios para su desarrollo. ¡Qué pena!
Pero ya dijo el Sr. Gobernador: estos negocios solo duran dos años abiertos porque así lo indican los ciclos de la economía. ¿Y los que tenían cinco, diez, quince, veinte años y tuvieron que cerrar por la violencia y la falta de clientes? ¡Ahh! es que esos «son ricos y nosotros apoyamos a los pobres»! Neta: ¿Tendrán idea de lo que están diciendo? ¿O lo expresan porque, según los “asesores”, es un discurso que estratégicamente va a pegar entre la raza y hasta le van a aplaudir al “Señor gobernador”. O como siempre, es una más de las ocurrencias declarativas, de esas que al interior del gabinete nadie se atreve a cuestionar más que en petit comité.
Pero en fin, no les interesa ni les importa, en esta circunstancia de crisis provocada por la brutalidad, negar todo. Tampoco los mueve ser más sensibles. Por lo contrario, tienen la osadía y el cinismo de decir que la violencia y sus estragos solo existen en los señalamientos cuyo interés son de carácter “político”. Se pasan.

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