CHISPAZO Felipe Guerrero Bojórquez

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CHISPAZO Felipe Guerrero Bojórquez
PREGUNTO A CLAUDIA SHEINBAUM

Presidente Claudia Sheinbaum:
¿Ha podido usted dormir bien durante estos meses?
No lo pregunto con ironía ni con ánimo de provocación. Se lo pregunto porque es importante conocer la voz de su conciencia.

Lo pregunto con respeto humano, después de esta otra masacre ocurrida en Guanajuato; de lamentar que otra vez hay cuerpos, familias destrozadas y nombres que pronto se perderán en la estadística.

No deja de ser inquietante que, en medio de masacres y secuestros, una de sus acciones visibles sea escribir a un ministro extranjero para promover un espectáculo musical en México, aduciendo que ya no hay boletos y que le preocupa que miles de jóvenes dejen de ir al concierto. Usted anunciando eso desde la mañanera, como si fuera la preocupación fundamental del país. Por supuesto, la cultura es valiosa, pero el orden de las prioridades también comunica y transmite intenciones. Y hoy México necesita primero sensibilidad para escuchar a las víctimas, no cortinas de humo para olvidar a los muertos.

Gobernar un país no es solo conducir un aparato administrativo; es cargar con el destino, con la vida y las desgracias de miles de ciudadanos a causa de las políticas públicas, ya sea por falta de medicinas, inseguridad, desempleo, ausencias de apoyos en el sector productivo primario. Y México, hoy, es una nación que no duerme. Y duerme mal en los pueblos donde se oyen y se cruzan balazos; duerme con miedo en las ciudades donde se secuestra y extorsiona; dormita con rabia en las familias que buscan a sus desaparecidos.

Usted heredó un país en vilo, no un país estable con problemas aislados. Recibió un territorio nacional estructuralmente herido por la violencia cotidiana, presionado desde fuera y fracturado por dentro. Hoy, además de la violencia permanente, enfrenta la presión de un Estados Unidos con un Trump cada vez más áspero y descarado; y enfrenta también la presión, la sombra política de un liderazgo mesiánico que no termina de retirarse, aferrado a querer gobernar desde «La Chingada». Todo eso ocurre mientras aquí, en el territorio real, se sigue matando.
Por eso la pregunta es reiterativa:
¿Qué la desvela más, presidenta? Si es que eso ocurre: ¿Las amenazas externas o las fosas internas?
¿Las presiones políticas o los muertos sin nombre?
¿La frialdad cruel y el cálculo del poder o el dolor humano que se repite? Ese dolor permanente, clavado en el alma de miles de familias en el país.

Hay un México que la apoya sin condiciones, agradecido por la liquidez económica que alivia necesidades inmediatas y porque cree que se le reivindica históricamente. Y hay otro México que no pide dinero, sino instituciones; que no pide discursos mañaneros, sino seguridad pública; que no pide varitas mágicas para recuperar la salud, sino medicinas; que no exige lealtades, sino justicia.
Ambos son México. Y ambos están mirando y sintiendo lo mismo: cuerpos, ausencias y fosas en Guanajuato y en todo el país; madres llorando y autoridades repitiendo, como sonsonete, que se investiga, sin importarles que no haya resultados y que ya no se les crea. Terrible.

Hablar de soberanía frente al exterior tiene sentido solo si dentro del país la gente puede vivir sin miedo.
De poco sirve proclamar independencia si el territorio está tomado por grupos al margen de la ley. De poco sirve invocar al Estado si el Estado no llega antes que el crimen… Y cuando el periodista llega antes que nadie a cubrir la nota, ese Estado lo acusa de terrorista. Cinismo y persecución. Hasta dónde hemos llegado.
No le escribo para acusarla. Le escribo para preguntarle, con seriedad y sin consigna alguna.
¿Qué lugar ocupa hoy la vida humana en sus prioridades reales?
¿Qué pesa más en sus decisiones: seguir concentrando poder para eternizar al régimen o la paz social?
¿Qué está dispuesta a cambiar, no en el discurso, sino en los hechos, para que en las diversas regiones del país, no sea la nota roja la que mañana aparezca como principal?
Presidente Sheinbaum: gobernar también es cargar con los muertos, aunque no los haya causado usted.
Porque el poder no se mide solo por la fuerza que se tiene, sino por la responsabilidad que se asume.
México no necesita solo una administradora del Estado y gestora de grupos musicales ante ministros extranjeros; México necesita a alguien que verdaderamente se preocupe ante tanta sangre derramada, ante las ausencias forzadas y ante tanta lágrima ignorada.
Como las madres buscadoras, con años en vela, sin desmayo, tras la huella de sus hijos. Ese amor, esa preocupación del alma es la que se requiere para gobernar al país. ¿O no?

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