CHISPAZO. Felipe Guerrero Bojórquez

CHISPAZO. Felipe Guerrero Bojórquez



CHISPAZO. Felipe Guerrero Bojórquez
PROTEGER AL RÉGIMEN..

Lo de Adán Augusto López Hernández no fue renuncia, fue desalojo con amabilidad y hasta el micrófono le dieron para que se despidiera, en un acto que a nadie sorprendió porque en el Senado ya corría el rumor de lo que iba a suceder.

Durante semanas, Adán Augusto López Hernández caminó por el Senado como quien ya sabe que la pachanga terminaría pronto. El nerviosismo, el silencio y la ausencia de control político eran señales claras. Su permanencia al frente de la bancada de Morena era ya un estorbo para el discurso de pureza moral que intenta sostener la Cuarta Transformación, en los meses electorales que se avecinan.

La presidenta Claudia Sheinbaum jura que no tuvo nada que ver. Pero en política las coincidencias no existen, porque cuando cae un coordinador parlamentario, no es por voluntad propia, sino por decisión del poder real. Y hoy el poder no despacha en el Senado, sino en Palacio…Y en Palenque. De que se friegue mi nanita…

El argumento oficial es noble. Se la pusieron de pechito; luego de subrayarle que son los gringos los que sacaron a relucir los expedientes que ya tiene Ernestina Godoy en la FGR y que no pueden seguir ocultando. Entonces le dijeron: Te quedas con el fuero y dirás: “me voy a tierra, a fortalecer el movimiento”. Claro, la traducción política es menos romántica: mejor sacarlo del centro del escenario antes de que los señalamientos lo conviertan en un lastre electoral. Porque no son chismes de pasillo, sino acusaciones de enriquecimiento, malos manejos y vínculos incómodos con personajes de seguridad pública ligados al crimen organizado. Con Hernán Bermúdez Requena y «La barredora», pues.

Adán Augusto no se va derrotado aún; se va administrado por quienes consideran que ya no les sirve, que ya cumplió su función y que no debe estar en el centro sino en la periferia. Pronto ya no tendrá lámparas ni cámaras enfrente, sino es que para darle seguimiento a los escándalos que arrastra y que, seguramente, escalarán de volumen.
Sale de la coordinación, pero conserva el escaño. Pierde poder, pero mantiene fuero. Es el arte morenista de simular limpieza sin abrir la cloaca.
En su lugar llega Ignacio Mier: orden, control y obediencia. Lo que se necesitaba no era un operador político, sino un amortiguador institucional calado en la ortodoxia de la subordinación.

La bancada guinda reconoció a Adán Augusto con aplausos. Pero ya fuera del recinto la lectura era otra: su liderazgo ya no resistía el peso de las acusaciones ni el desgaste mediático. Como dijo, con mucha claridad, un senador que omitió el nombre: “el tipo era insostenible”.
La pregunta no es por qué Adán se fue. Todo mundo lo sabe. La pregunta es: ¿¿quiénes siguen? ¿hasta dónde llegará esta depuración selectiva? Si es que Sheinbaum ya negoció con los gringos y convenció al de Palenque de la necesidad urgente de purgar la 4T y al régimen para salvarlo a él.
Porque si Adán Augusto cae por sospechas, cerca de la presunción ministerial ¿qué pasará con otros que cargan colas igual o más largas?

La Cuarta Transformación presume moral, dignidad y principios, frente a una ciudadanía escéptica que ve y siente otra cosa. Por eso la caída de Adán Augusto no es la circunstancia aislada de un hombre, sino el aviso de que el sistema empieza a protegerse en vez de proteger. Y en política, cuando el poder central tumba del pedestal al soberbio para enviarlo a «hacer trabajo territorial» (ni siquiera a una embajada), es porque el respaldo se agotó y ya no confían en él como para tenerlo en el centro del poder, donde se toman las decisiones del país. Punto.

(Feed generated with FetchRSS)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *