
CHISPAZO. Felipe Guerrero Bojórquez
UN DETENIDO, MUCHAS DUDAS..
El jueves pasado, desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que ya había “detenidos” por el ataque armado contra los diputados de Movimiento Ciudadano en Culiacán.
Lo dijo en plural. Pero en Sinaloa nadie sabía nada.
Ni la Fiscalía estatal. Ni el gobierno del estado.
Ni la policía local.
Cuatro días después, Omar García Harfuch informó la detención de una persona. No detenidos: uno solo.
Y ahí empieza el problema. Una declaración presidencial que se adelanta a la investigación y que hace pensar no en la búsqueda de la verdad y la justicia, sino en el diseño de una narrativa. ¿Engañaron a la Presidente Sheinbaum?
El detenido es presentado como técnico en radios, cámaras, software de monitoreo y drones.
Un operador de sistemas, no un sicario clásico.
Entonces surge la pregunta elemental:
¿Ese hombre fue quien jaló el gatillo contra los diputados? ¿O sólo lo están usando como rostro visible de algo más grande?
Se habla de una “célula vinculada a Los Chapitos”.
Y aquí conviene detenernos en la palabra: vinculada.
¿Qué significa eso exactamente? ¿Que no pertenece formalmente al cártel? ¿Que es autónoma?
¿Que sólo orbita alrededor? Porque si existe una célula, también existe un mando.
Y si hubo un ataque directo contra legisladores, también debió haber una orden.
¿Quién la dio? ¿Quién decidió atacar a Sergio Torres y Elizabeth Montoya?
¿Quién puso precio político a ese mensaje armado?
Pero el comunicado oficial agrega otro ingrediente:
el detenido es militante del Partido Revolucionario Institucional y trabajó en el Ayuntamiento de Culiacán en 2018, justo cuando Sergio Torres era Secretario de Pesca en el sexenio de Quirino Ordaz y, dos años antes, terminara su periodo como alcalde de este municipio al que gobernó bajo las siglas del PRI.
Por eso los datos deslizados por la autoridad federal no son neutros, son connotativos y conllevan una insinuación sembrada como no queriendo.
Es decir, la información tal y como se ofreció no aporta a la mecánica del crimen, pero sí construye un clima, un ambiente para que quizá la percepción se ubique en la vendetta de bajo nivel, en el resentimiento personal y de algún modo en el ajuste de cuentas partidista.
Y ello desde luego abre una salida peligrosa:
cerrar el círculo diciendo que los autores materiales
también fueron los intelectuales. Que la célula se mandó sola. Que no hubo quien ordenara nada desde arriba.
Sin que esto sea una afirmación o una especulación, pero si una posibilidad, porque existen antecedentes que indican que así se protege al o a los verdaderos responsables, a los que planearon, mandaron y decidieron.
Y para no ir muy lejos ahí está el asesinato de Héctor Melecio Cuén, del que las propias autoridades de la Fiscalía, a través de un video montaje, quisieron hacer creer que los victimarios de Cuén habrían sido dos asaltantes. La pretensión era cerrar el círculo y dejar todo hasta ahí. El resto de la historia ya se sabe.
Hoy las autoridades federales tienen a un detenido,
pero no a los autores intelectuales. Tienen ubicada a una célula criminal, pero no a una cadena de mando.
Hay datos políticos, pero no explicación criminal.
Incluso, se percibe claramente un relato que parece diseñado para no subir de nivel. ¿Es el técnico al mismo tiempo el autor material e intelectual? ¿Es «El compa güero» el estratega al que interesadamente le achacan filiaciones políticas? ¿Que se persigue, hacer justicia o control de daños?
Aquí lo dijimos hace unos días. Un ataque a diputados no es un hecho menor. Es un mensaje armado contra el poder legislativo. Es una advertencia. Es una señal de quién manda.
Por eso este caso no puede quedarse en un “Compa Güero”. Ni en una “célula vinculada”.
La pregunta sigue viva: ¿quién ordenó el ataque?
Y mientras no se responda, la única detenida real será la verdad.

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