CHISPAZO. Felipe Guerrero Bojórquez

CHISPAZO. Felipe Guerrero Bojórquez



CHISPAZO. Felipe Guerrero Bojórquez
REALIDAD IRREFUTABLE
No hay día que en Sinaloa deje de ocurrir hechos violentos. Se trata de imparables acciones brutales, que dibujan claramente un alto grado de intensidad de la guerra y, al mismo tiempo, el debilitamiento de una autoridad estatal dedicada a juntar muertos, contar el número de secuestrados y a emitir boletines donde se indica que se está trabajando y que habrá resultados, mientras los expedientes crecen y crecen.

En medio de las familias secuestradas en Mazatlán y Ahome, donde los cinco integrantes de esta última aparecieron ejecutados ayer; del reciente ataque a los diputados de MC, Sergio Torres y Ely Montoya; del secuestro de 10 mineros y, hasta ahora, la ejecución de cinco de ellos cuyos cuerpos aparecieron en una narco fosa; de las refriegas diarias entre células delictivas en Escuinapa y otros puntos del estado, ayer aparecieron al menos tres cuerpos en la batea de una camioneta por la «Costerita», cerca de Navolato, y La Marina reportó un enfrentamiento con «civiles», en la comunidad de El Limoncito, en Culiacán, donde detuvo a nueve agresores y abatió a otro de ellos. Todo eso, más los levantones y ejecuciones que a diario se registran a lo largo y ancho de Sinaloa. ¿Estamos hablando de ingobernabilidad?

Pese a todo ello, para el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, «son cosas que pasan o no pasa absolutamente nada». Es decir, todo marcha bien: la economía, el empleo, la escuela, el deporte, la vida diaria, aunque la inseguridad esté presente, la gente abajo perciba y viva lo contrario, y la sicosis social se encuentre en modo permanente.

Y no es que en Sinaloa no existan condiciones constitucionales para desaparecer los poderes o políticamente considerar la salida del señor gobernador; es que, pese a todo, seguirá al frente del gobierno y terminará seguramente su mandato. Es que a la señora Presidente lo que menos tiene contemplado es castigar a los gobernadores de MORENA, porque sería como reconocer el agotamiento temprano de un modelo político que apenas lleva siete años en el poder, y que ya presenta grietas corrosivas.

Sin embargo, no hay duda que en Sinaloa se vive ya una condición violenta cuyo tamaño, en cualquier otra parte del mundo, sería suficiente para establecer el Estado de Excepción. Esta decisión, de acuerdo al artículo 29 de la Constitución, es facultad del Presidente de la República con la aprobación del Congreso o la Comisión Permanente, y se da entre otras causas por perturbación grave de la paz pública: Revueltas internas de gran calado, incursiones de grupos armados, o situaciones que superen la capacidad de las autoridades civiles para mantener el orden.

Y en Sinaloa las autoridades civiles hace rato que ya fueron rebasadas por la grave violencia que generan los grupos armados, de modo que la lucha por tratar de recuperar la paz pública ha quedado en manos de las fuerzas federales, principalmente del Ejército y La Marina.

O bien, ante una situación de la naturaleza que vive Sinaloa, de acuerdo al artículo 76 de la Constitución, el Senado puede proceder a la declaratoria de desaparición de poderes en una entidad federativa cuando, entre otras causas, el gobernante quebranta el régimen federal, abandona sus funciones o se encuentra imposibilitado físicamente. Por supuesto, existe la salida política a través de la renuncia por causa grave, ya sea por salud o una circunstancia de fuerza mayor.

Pero más allá de las facultades Constitucionales para actuar en una entidad federativa, el régimen de la 4T no solo no procedería a su aplicación, sino que queda claro su tendencia a encubrir a sus gobernadores militantes y a tratar de minimizar al máximo los graves hechos violentos que vulneran la paz pública. Aunque en el pecado lleven la penitencia.

Está tan débil la figura del gobernador Rubén Rocha, que las encuestas nacionales lo mandan al sótano de la tabla de mandatarios estatales en materia de aprobación, y en las redes sociales da pena ajena leer la larga lista de comentarios, algunos ofensivos, otros acusando y señalando, y otros más mostrando el alto grado de indignación social.
Se insiste, Rocha Moya no dejará el poder por decisión presidencial menos de motu propio. El piensa que la huella que dejará a su paso lo marcará como el mejor gobernador que haya registrado la historia de Sinaloa. Si, él está convencido de ello, pero miles de sinaloenses piensan lo contrario. Así lo reflejan las mediciones, las encuestas que por igual concuerdan en reprobarlo. Y eso no es coincidencia, es unanimidad que legítima voluntades y convierte el hecho en una verdad irrefutable.

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