CHISPAZO/ Felipe Guerrero Bojórquez

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CHISPAZO/ Felipe Guerrero Bojórquez
El Mencho: ¿cortar una cabeza o desmantelar la estructura?

¿Qué sigue tras la caída de Nemesio Oseguera Cervantes?
Esa es la pregunta central. No está mal la celebración momentánea; tampoco la fotografía del trofeo que aún no se muestra. Pero lo que realmente importa es el día después.
El Cártel Jalisco Nueva Generación no operaba bajo el viejo molde siciliano de la familia. No era una herencia sanguínea como ocurrió en el Cártel de Sinaloa, donde Ismael Zambada García y Joaquín Guzmán Loera proyectaron continuidad en sus hijos y allegados.
El modelo de Oseguera es distinto: es federado.
Se trata de una alianza regional de mandos autónomos que replican un diseño operativo, militar, financiero y logístico previamente pactado. Esa arquitectura permitió al CJNG crecer con rapidez y expandirse a más de la mitad del territorio nacional y a varios países en cuatro continentes.

La pregunta, entonces, no es quién hereda el apellido. Es quién hereda la estructura y su coordinación.
¿Se mantendrán unidos los mandos regionales para preservar el modelo?
¿O la ausencia del líder detonará fracturas, disputas internas y balcanización criminal?
Las organizaciones federadas tienen una ventaja: sobreviven a la caída de la cabeza principal. Pero también cargan un riesgo: sin árbitro central, el equilibrio se rompe.

Lo que vimos el pasado domingo fue una feroz demostración de capacidad de reacción. Bloqueos, incendios, ataques coordinados. Un país incendiado en cuestión de horas. Una estructura que respondió como si la cabeza hubiese previsto su propia caída.
Ahí radica la segunda pregunta:
¿El objetivo era capturar al hombre o desmantelar la organización?
Porque una cosa es abatir a un líder; otra muy distinta es desmontar las redes financieras, las rutas internacionales, los centros de producción, los mecanismos de lavado y las complicidades políticas que sostienen al negocio.
¿Seguirá el gobierno de Claudia Sheinbaum de punta contra esa estructura?
¿O vendrá una pausa estratégica bajo el argumento de preservar la estabilidad ante compromisos internacionales como la Copa Mundial de la FIFA 2026?

El mundo observó imágenes de un México en llamas. No escenas aisladas, sino respuestas coordinadas que recordaron episodios de guerra como el «culiacanazo» pero en versión macro. La comunidad internacional no distingue matices narrativos; observa hechos y resultados.

Durante años predominó la política de “abrazos, no balazos” impulsada por Andrés Manuel López Obrador. Bajo esa lógica, los cárteles no desaparecieron: se expandieron y consolidaron territorios. Lo que vimos hoy, fue una estrategia que se acerca más al modelo de Felipe Calderón y que rompe al seco con el modelo obradorista. Cuando el Estado decide ejercer su fuerza legítima, puede hacerlo. Puede cuando quiere. Y cuando no puede , o no quiere, las razones suelen ser generalmente de compromisos financieros y políticos.

La sociedad celebró la caída de El Mencho. Era inevitable. Pero también será inevitable el descontento, si la celebración es efímera a partir de que la estructura criminal permanezca intacta.
El verdadero desafío comienza ahora: inteligencia con punto fino para el desmantelamiento financiero, la captura de operadores regionales y, sobre todo, la revisión de las complicidades políticas que permitieron a estos grupos infiltrar espacios constitucionales de poder: municipios, congresos locales, corporaciones policiacas, contratos para los grandes negocios con dinero público.

Si la Presidente decide ir a fondo, no bastará con detener sicarios. Habrá que mirar hacia gobernadores, alcaldes y operadores partidistas que pactaron, cedieron espacios y terminaron siendo rehenes de aquello que ayudaron a incubar.
Porque no se trata de regresar a una guerra indiscriminada en las calles. Se trata de construir un modelo de seguridad donde el Estado no sea reactivo, sino dominante. La caída de El Mencho abre esta puerta y puede ser el inicio de una nueva estrategia operativa integral.

El trofeo ya está sobre la mesa. Ahora falta saber si el rayo láser seguirá extirpando, o si el gobierno considera que con la cabeza es suficiente para dar por terminada la cirugía. Ya veremos.

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