Democracia adulterada con politiquería


Un candidato a elección popular promete, entre otros y con la marcha de Zacatecas de fondo, acabar con la corrupción, justicia, carreteras, casas, luz, hospitales y puentes. Cuando de repente, la ciudadanía le pregunta a qué puentes se refiere y para qué. Él responde que para los ríos, a lo que inmediatamente la gente desconcertada le dice que no hay ríos en el pueblo. Pero el candidato fiel a su papel, también les promete los ríos. Lo importante en ese momento es llegar al poder.

Mientras se escriben estas líneas, continúa la tensión por el conteo de votos y saber quién será el próximo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. El mundo entero no deja de hablar de ello. Pero más allá de la persona que resulte victoriosa, la jornada electoral ha sacado a la luz temas que, si bien algunos no son ajenos a México, siempre será diferente ver la paja en el ojo ajeno. Un candidato que ya fue presidente y que, al margen de resultados buenos o malos que están documentados, la historia parece registrarlo más bien por su carácter visceral y polarizador que, ante el intento por un segundo mandato que la ley le permite, se ha dado el lujo de mandar al diablo a las instituciones y a la confianza de muchas personas que cumplieron con lo suyo, votar por él. Ha prometido impugnar los resultados electorales en estados que han sido ajenos a cualquier especulación sustentada en encuestas y, con la misma prontitud del candidato que prometió ríos, modificó su mensaje para impugnar la elección en los estados que le han sido adversos y no en los que su estrategia electoral indicaba. Pero más lejos aún, ha hecho una campaña adulterada por politiquería, no por política. Al amparo del abuso de una investidura que como todo presidente debe saber, inevitablemente se podrá quitar mientras desempeñe el cargo, anunciando anticipadamente fraudes, demandando a una corte que ha comenzado a decirle que no y poniendo hasta a su familia a trabajar para lograr la victoria.

No es la primera vez que está en esta contienda. En 2016 atacó sin miramientos a la entonces candidata Clinton, despegó y ganó la empatía del electorado urgido de buenas noticias. Pero hoy, la evidencia de lo que ha hecho como presidente parece cobrarle una factura del voto de castigo ciudadano que se inmuta por cada unos de los viscerales mensajes que envía a través de unas redes sociales que se han visto obligadas a aplicar protocolos de falsedad.

Lo anterior es el ejemplo de una democracia que está tomando cartas en el asunto como consecuencia de una falta de coherencia entre lo que se pensó, se dijo y se hizo, con tal de lograr el poder. Es un buen momento para ver la paja en el ojo de la democracia mexicana.

* Abogado especialista en análisis de políticas públicas en materia de justicia y estado de derecho.

ricardo.corona@koalsulting.com



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