En memoria de mi madre
Han transcurrido seis años desde su partida. Ella nació en la Ciudad de México un 2 de noviembre de 1913. Curioso día para nacer, cuando en este país celebramos en esa fecha “el Día de Muertos”. Fue una tradición de la familia Peredo celebrar cada 2 de noviembre el cumpleaños de Carmelita, en esas celebraciones no podían faltar las ofrendas a los muertos.
Hubo ocasiones que contando a los hermanos, tíos, primos, parientes políticos y amigos, las reuniones eran muy concurridas. En esos encuentros surgían recuerdos colmados de anécdotas. En ellas destacaba las frases: ¿Te acuerdas de esto? ¿Te acuerdas de aquello? Las añoranzas surgían una tras otra, ocasionalmente eran tristes, recordar a nuestros muertos en esa fecha era natural. Conforme el tiempo implacable fue cobrando sus dividendos, algunos de los habituales dejaron de estar de cuerpo presente en las reuniones, no obstante estaban en nuestra memoria. Mientras recordemos a nuestros muertos permanecen con nosotros.
Fue el miércoles 4 de julio de 2014 cuando Carmelita Peredo, mi señora madre, partió a punto de cumplir 101 años. Ella fue la mayor de siete hermanos, dos mujeres y cinco hombres. Desafortunadamente todos emprendieron el viaje eterno. El más joven de ellos nos abandonó apenas en mayo pasado a la edad de 93 años. Aquellas reuniones familiares ahora son historia, de ellas solo quedan gratos recuerdos.
Conforme transcurrió el tiempo Carmelita se hizo chiquita, aunque fue una mujer menudita, con el paso de los años se modificó su anatomía, terminó pesando 46 kilos. No obstante su avanzada edad, Carmelita gozó durante su vida de una memoria lúcida, recordaba sin esfuerzo nombres de parientes, amigos cercanos y fechas memorables: nacimientos, bautizos casorios, defunciones… Comentaba acontecimientos que para muchos de nosotros estaban perdidos en los laberintos del tiempo. Creo firmemente que a pesar de los muchos giros que le deparó el destino, algunos de ellos non gratos, mi madre vivió una vida plena. Su estancia en esta tierra estuvo colmada de satisfacciones. Durante sus 100 años de existencia disfrutó del amor, respeto y admiración de sus hijos, nietos, bisnietos, parientes y amigos.
Para conservar vivas aquellas inolvidables reuniones, el pasado 2 de noviembre, mi hermano Guillermo volvió a instalar en su casa nuestra tradicional ofrenda de muertos, en esta ocasión incluyó nuevas fotografías de algunos que durante su vida nos acompañaron en las celebraciones del 2 de noviembre. Han transcurrido los años y no hemos vuelto a reunirnos. Carmelita era el imán de la familia. Muchos de quienes participaban en la celebración ahora son recuerdos. Un amigo mío me dijo: “Así es la vida”. Yo digo: Así es la muerte.
Colofón
Mientras yo viva seguiré festejando cada 2 de noviembre el cumpleaños de doña Carmelita, mi madre. Ella no ha partido, sigue viva en mis recuerdos.
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