Me refiero a las acusaciones de Trump.
Los Estados Unidos siempre ha sido un paradigma de los procesos democráticos y ejemplo internacional de los mismos. Allí no ha habido antecedentes de robo de ánforas, sustitución de casillas o presiones económicas, como en muchas partes de América Latina, incluyendo a nuestro país.
Pero ahora ese prestigio lo acaba de poner en los suelos el presidente Trump, que no quiere aceptar que tiene que dejar ese, el más alto cargo y que es muy importante que lo haga pacíficamente, para que su país no quede polarizado socialmente.
Me tocó escuchar el discurso de él, afirmando que hubo robo y sustitución de votos, en forma preferente para el partido demócrata. Fue tan destructivo que muchas estaciones de televisión lo apagaron o hicieron la observación de que no estaba diciendo la verdad. Ellos, como muchos norteamericanos, quieren salvar la democracia de su país.
Aunque la democracia no sea perfecta, como decía Winston Churchill, es la fórmula menos mala para hacer política y gobernar, porque las dictaduras o el socialismo, con control absoluto del Estado y las monarquías, así como aquellos gobiernos que se manejan en forma populista, pierden el soporte de sus gobernados y sus programas y obras se ven menguados por la falta de democracia.
Siempre hay que recordar a los griegos y a Aristóteles, que decía que la política es el arte ciencia para servir a los ciudadanos, no para servirse a uno mismo, y cuando la estructura de un país no se basa en un proceso electoral que represente al pueblo, la tendencia es que se sirva a sí mismo. O sea, a convertir el poder en algo personal, sin las raíces populares que lo cimenten en su propia naturaleza democrática y participativa.
Yo creo que sería interesante que analizáramos algo positivo que hemos hecho en México con el Instituto Nacional Electoral y los tribunales correspondientes, porque así existe una mayor seguridad de que el pueblo es escuchado y que las decisiones no son unipersonales o basadas en el poder económico, la comunicación o el carisma personal, sino fundamentalmente en la razón.
Descartes: Pienso, luego existo… Creo que deberíamos mandarles el ejemplo del Instituto Nacional Electoral, para que tengan uno, de esa naturaleza, en Estados Unidos.
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