Joe Biden ¿presidente?


Las recientes elecciones para presidente de Estados Unidos han sido de gran incertidumbre, por altamente competitivas. Para destacar, lo anacrónico de un sistema de elección que data de 1787, previsto por sus ‘Padres Fundadores’. Uno en dónde el que más votos recibe, puede perder la presidencia. En el corto y mediano plazo, resulta poco probable que cambie esta regla, por: I) los republicanos se benefician actualmente de la influencia electoral de los estados rurales menos poblados; II) de acuerdo con la consultora Gallup, el 61 por ciento de los norteamericanos y el 89 por ciento de los demócratas apoyan la abolición del Colegio Electoral, no obstante, apenas el 23 por ciento de los republicanos lo avalan.  

A excepción de Estados Unidos, no existe un país con sistema presidencial en el mundo, en el que el Jefe del Estado no sea elegido de manera directa y por voto popular [un distintivo fundamental para este sistema de gobierno]. Vamos, el caso es tal que, en situación de empate, si ningún candidato consigue la mayoría de los votos del Colegio Electoral, quien designa al primer mandatario y/o al vicepresidente, es el Legislativo [ya sucedió en tres ocasiones: en 1800, 1824 y 1837; y llegó a considerarse en la elección actual debido a un cálculo preliminar de 269 votos para cada candidato]. Esto último evocaría una característica fundamental de un sistema parlamentario de gobierno. 

En el siglo XX, este sistema de elección ha ‘fallado’, en términos democráticos, en dos ocasiones [en el siglo XIX sucedió en tres ocasiones]: en 2000, con George W. Bush; y, en 2016, con Hillary Clinton. Ambos perdieron en el Colegio Electoral, a pesar de triunfar con la mayoría del voto popular. De hecho, en no pocas ocasiones llegó a considerarse esta opción en la reciente elección presidencial: Biden, evidentemente ganaría en voto popular, pero Trump (inéditamente y por segunda ocasión consecutiva) podría ganar en Colegio Electoral para hacerse de la presidencia. Una contradicción para una democracia que se precia de ser referente.

Esta elección acusa la participación electoral más alta en 120 años: al menos el 66.7 por ciento de los electores votaron en ella, la tasa más alta desde 1900, cuando el índice fue del 73.7 por ciento. Incluso, Biden es ya el candidato más votado en la historia de la Unión Americana: al momento, con más de 71.48 millones de sufragios, para superar el récord de Obama, que obtuvo 69.5 millones en 2008.

Según se puede advertir, esta sería la séptima ocasión en que se impugna una elección en Estados Unidos: en 1860, generó una Guerra Civil, después de que Lincoln resultara electo; y en 2000, el republicano George W. Bush y el demócrata Al Gore se vieron envueltos en una disputada votación en Florida. La Corte Suprema puso fin a la controversia, y Gore aceptó su derrota públicamente. Desde 1996, nadie gana la presidencia sin ganar en Florida, hoy ya ganada por Trump [vamos, desde 1924 solo han existido dos excepciones a esta regla]. Es importante señalar que, al igual que en 2016, las encuestas no fallaron, sino los pronósticos.

Todo parece indicar que Joe Biden será presidente con 270 votos electorales. Mientras que Trump, registrará 268. Es previsible que la judicialización de la elección sea una ruta, como en 2000, para que la Corte, que sí es Suprema, decida al ganador.

gabriel.torres.espinoza@gmail.com



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