Todas las semanas los medios televisivos nos dan a conocer la cantidad de protestas que se suceden en el país, especialmente en la CdMx.
Protestan las muchedumbres contra la inseguridad, porque un líder está detenido, porque hay muchos casos de robo y extorsión, por los ciclistas atropellados, por el acoso que sufren las mujeres o por su asesinato.
Grupos organizados desfilan protestando por las autoridades que los gobiernan, contra el sistema que impera, por el cobro excesivo de impuestos, porque no hay empleo, por el despido laboral, porque la autoridad no atiende reclamos, por la falta de insumos y protección respecto a la salud, contra el jefe de la policía, contra la violencia extralegal de las fuerzas públicas, por la desaparición de personas y la inoperancia de la autoridad… y siguen otros muchos motivos.
Es parte de la vida democrática de los países y corresponde a la libertad de expresión que garantizan nuestras leyes… pero el problema surge cuando los que protestan se dedican a romper, destrozar, pintarrajear, incendiar, demoler, robar y crear caos en el tránsito de personas y vehículos, cuando bloquean las calles y las vías del ferrocarril.
Se ha llegado a incendiar edificios y lanzar a la calle los equipos de oficina así como los archivos. No se ha salvado la biblioteca del Congreso de Guerrero ni las centenarias puertas del Palacio Nacional. Los monumentos que reflejan la historia de México y lugares de devoción patriótica, pintados y maltratados. Solo falta volarlos.
Pero, ¿cuál es la idea, el reflejo intelectual, la conciencia viva y el fondo social de quienes protestan? La nada, solo destrucción de bienes que pertenecen a la misma sociedad, pagados con los impuestos de todos. Ni un solo pensamiento escrito que delate inteligencia. El mexicano, en la mayoría de los casos, es burdo para expresarse. En contraste, de las protestas callejeras de Francia, anotamos algunas frases:
“Prohibido prohibir. La libertad comienza por una prohibición.”
“Las paredes tienen orejas. Vuestras orejas tienen paredes.”
“Cuanto más hago la revolución, más ganas tengo de hacer el amor.”
“¡Viva la comunicación! ¡Abajo la telecomunicación!”
“La imaginación al poder.”
“Un pensamiento que se estanca es un pensamiento que se pudre.”
“Sed realistas, exigid lo imposible”.
“Somos demasiado jóvenes para esperar.”
“Dios: sospecho que eres un intelectual de izquierda.”
“Es necesario explorar sistemáticamente el azar.”
“La acción no debe ser una reacción sino una creación.”
“Camaradas: proscribamos los aplausos, el espectáculo está en todas partes.”
“La juventud al poder… el político a la cárcel”.
“Salario mínimo al político, para que vea lo que se siente”.
“Alternancia, ¿dónde estás?”
“Mientras el burgués cena con vinos en el Focolare, yo como bazofia ante un foco al aire”. _