
SIERRA Y ASFALTO Por: Juan Colorado
¿Y SI, SÍ? De moda por el Mundial de Futbol, en los últimos días, ante la clasificación de invictos y sin recibir goles en la fase de grupos por parte de la selección nacional, se acuñó en redes sociales y medios de comunicación esta expresión interrogante ¿Y si, sí?, para anclar en ella la esperanza de que México llegue a ser campeón del mundo. Difícilmente y con tan pocas palabras, se podría haber construido otro enunciado que condensara el sueño de todo el pueblo mexicano que fue bruscamente devuelto a su realidad “demediada”. Cada gol de Inglaterra fue como una capsula de “ubicatex” que nos dejó la amargura del sueño truncado, pero listos para empezar la eterna ruta de las eliminatorias y los cuatro años al próximo mundial, en el que ahora sí, ¡Con este equipo sí ganamos! “Jugamos de tu a tu”, “Le plantamos cara a una potencia futbolera”, “Caímos de cara al sol”, “Con el corazón por delante”, decían y siguen diciendo lo cronistas y periodistas deportivos cuya tarea es alimentar la esperanza porque el negocio debe continuar, ahí viene la liga y la gente tiene que seguir en los estadios o pegada al televisor consumiendo comerciales. Mi terco empecinamiento en la política, que debo decir, nada me ha dejado, me llevó a comparar el ¿Y si, sí? Con ese interminable ciclo que los mexicanos vivimos cada seis años, esperando, ahora sí, un gobierno honesto, responsable y transparente. Elegimos presidente de la República y gobernadores, empujando la roca cuesta arriba como Sísifo, para darnos cuenta pasada la euforia de la elección y el inicio del gobierno de que la piedra se rueda hacía abajo y hay que volver a empezar con esa tarea inútil, repetitiva e interminable. Siguiendo el paralelismo de nuestra realidad política con el mundial, este avance a octavos de final, invictos y sin goles en contra se puede asimilar a esa especie de adoración que tenemos por nuestros gobernantes en los primeros años de su mandato en los que les damos hasta el 80 por ciento o más de aprobación, niveles impensables para cualquier democracia madura, para terminar mayoritariamente despreciándolos y pasarlos a ser simplemente un mal recuerdo que además nos estorba para jugar el deporte nacional de quién va a ser el sucesor. La campaña y la elección en la que gana el más hábil para vestir con ropaje de verdad sus mentiras, semejan la etapa eliminatoria. El triunfo del candidato, la clasificación; los primeros años de gobierno la fase de grupos y luego la realidad abrupta de que volvimos a elegir a los peores y la eliminación en octavos de final. Llegado este momento, caemos en la situación de negarnos a aceptar que nos volvimos a equivocar con los falsos profetas de la política, los defendemos en redes y reuniones, incapaces para reconocer nuestro error al votar y para la derrota del futbol nos inventamos cábalas, maldiciones o mala suerte, negados a encarar que no somos buenos y que ni en lo individual ni en el funcionamiento colectivo estamos a la altura de las potencias futboleras. Después, poco a poquito se va abriendo paso la fe y la esperanza en que, para el siguiente mundial, seremos campeones del mundo, y en la política seremos un país libre de corrupción, seguro, y con altos niveles de educación y desarrollo. La realidad del gobierno de la autoproclamada cuarta transformación y la derrota ante Inglaterra nos lleva a empezar ese nuevo ciclo de intentar clasificar al mundial y de buscar con nuestro voto un nuevo gobierno que por fin nos lleve a alcanzar el sueño. Pero bueno, aun con este descalabro y mientras empezamos a rodar la piedra cuesta arriba, los sinaloenses tenemos uno ciclo en particular que todavía no cierra. Porque imaginen ustedes, ¿Y si sí los gringos se llevan a Rocha y sus coacusados? ¿Y si, sí, nos deshacemos en 2027 de la ineptitud en el ejercicio del gobierno; el nepotismo; la alianza con el crimen organizado y la desvergüenza de los políticos de Morena? ¿Y si, sí sale un líder o lideresa de entre los partidos o de ciudadanos sin militancia con los arrestos suficientes para encabezar un gobierno honesto y para todos? ¿Y si sí?... Ni en la política ni el futbol existen los milagros. Así es que, si vamos a vivir de esperanza, quedémonos con la expresión, pero aplicada a algo que no tiene nada que ver con 26 futbolistas ni con candidatos que son unos lobos con piel de oveja en campaña. La ciudadanía tiene que tomar su propia responsabilidad de analizar cuidadosamente quién le esta pidiendo apoyo y decir: ¿Y si, sí salimos a votar masivamente en 2027?...
