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CHISPAZO. Felipe Guerrero Bojórquez
LOS MOCHIS: CORRUPCIÓN Y MIERDA
Se escucha muy crudo, muy fuerte, pero ya está ocurriendo.
Los Mochis fue por muchos años una de las ciudades mejor planificadas, más modernas y de las más bellas del país. Hoy está a punto del colapso y un mal día de estos sus habitantes podrían amanecer nadando entre la porquería.

No solo se trata de un sistema de drenaje que hace años cumplió su vida útil, sino de la perversión de su mantenimiento y crecimiento debido a prácticas corruptas desde el poder, entre otras cosas, al ceder terrenos de la sociedad a particulares luego entubaron, fraccionaron y pavimentaron sobre drenes que funcionaban a cielo abierto.

Tan solo a mediados del año pasado el cabildo aprobó, en lo general, la entrega de terrenos de uso común que se supone servirían para disfrute de áreas verdes, pero un mes antes de haber pasado por regidores, nueve propiedades de esta naturaleza ya habían sido entregadas a particulares. Es decir, el Ayuntamiento de Ahome ya se había adelantado con los trámites de cesión de derechos y hasta de exoneración de pago del predial. Pruebas y documentos existen.

Esto tan solo es un ejemplo de lo que en el pasado se ha venido haciendo con el uso de los espacios públicos, muchos de ellos en superficies de drenes a cielo abierto que se entubaron, se vendieron como terrenos y luego, encima de ellos, se construyó sin cumplir con los requisitos técnicos que exige la norma, a la hora de instalar el tamaño y las medidas de la tubería correspondiente.

De acuerdo al líder social, Lucio Tarín Espinoza, existe en Ahome un cartel inmobiliario, pues las nueve propiedades cedidas en lo oscurito fueron adquiridas por dos personas, cinco de ellas a nombre de Itzel Kareli González López; y las cuatro restantes aparecen a nombre de Sergio Omar Villa Velázquez. Entre los dos suman 32 mil metros cuadrados de áreas urbanas perteneciente a los ahomenses.
Por cierto, el nombre de estas dos personas aparecen en otros municipios como servidores públicos o involucrados en licitaciones inmobiliarias.

A una pregunta Tarín Espinoza responde que si reduces el mapa de la ciudad a un metro cuadrado, «donde le pongas el dedo hay socavones». Agrega que Los Mochis apenas está a once metros sobre el nivel del mar y que, en cualquier momento, habría una concatenación de las fugas de aguas negras que no alcanzarían a desfogar y entonces el drenaje colapsaría.

Y no es exageración porque la ciudad ya presenta puntos débiles en el sistema en diversos sectores. Tuberías rotas, drenes atiborrados de aguas negras y socavones por doquier se muestran como amenaza latente de un desastre, sino se atiende con la urgencia debida este problema.
Habría que imaginar una lluvia intensa, presas hasta el tope, desfogue de ríos y canales, una marea alta y un inservible drenaje pluvial y sanitario incapacitados para evitar la tragedia. Dios no lo quiera.

Mucha son ya las enfermedades estomacales y respiratorias por las heces y bacterias que se apoderaron de la ciudad, sustituyendo aquel olor a caña y a los aires limpios de las palmeras que rozan el cielo. Una tragedia para una ciudad orgullo de Sinaloa y México. Pero aún más: una verdadera desgracia que en estos tiempos soportemos funcionarios tan ineptos como corruptos.

Aquél Mochis de aguas diáfanas que se podía beber de la llave; de un alcantarillado pulcro y sellado del que jamás se escapaban líquidos pluviales o servidos; la ciudad de las calles y avenidas perfectas y limpias, hace mucho pasó a la historia, cuando los subsecuentes alcaldes aprendieron a patear el bote porque las obras del subsuelo no les significaban votos.
Hoy se pagan las consecuencias de tolerar pícaros y ceder ante la manipulación ideológica que regala dinero en efectivo a diestra y siniestra, en vez de invertir parte de este pensando en el bienestar colectivo, en el desarrollo y el progreso de la ciudad y en la salud de sus habitantes.

No es alarmismo, pero no se extrañe que cualquier día, en algún punto de la ciudad, sus habitantes se despierten con la mierda hasta las orejas. Todavía se está a tiempo.

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