posada de Carlota y Maximiliano



Situada a un costado del Templo de la Candelaria, en el corazón del Barrio de Xonaca, la Casa del Obispo es un inmueble que data de finales del siglo XVIII y cuya arquitectura es de estilo francés.

“La casona es histórica porque perteneció al obispo Francisco Pablo Vázquez y Sánchez Vizcaíno y aquí se hospedaron en innumerables ocasiones Maximiliano y Carlota”, señala Víctor Montaño Silveti, responsable del Taller de Cartonería Tradicional en el Centro de Bienestar Social (CBIS) de Xonaca, que se encuentra en el citado edificio.

El también cronista señala que durante la práctica del taller se realiza un conversatorio donde se hace un recuento del barrio, lo cual permitió recabar información sobre la edificación y su historia.

Sin embargo, el cronista llama la atención sobre otro hecho relevante: “El espacio es histórico ya que desde la época prehispánica es adorado y venerado de alguna manera. Estamos en las faldas del cerro (Acueyametepec) donde abundan los magueyes y las ranas”.

Agrega que tenía manantiales y un arroyo, “que bajaba más allá de La Ciénega. Se trataba del arroyo de Rementería o de Xonaca, cuando pasaba ya por aquí. Era un lugar muy rico en cuanto a tierra y agua. En la fundación del último barrio indígena, por ahí de 1618, se establece Xonaca como tal”.

Del mismo modo, en la etapa de la Intervención francesa, es decir, entre 1862 y1867, el sitio fue escenario de la Batalla del 5 de Mayo

“No es el Fuerte de Loreto, es este espacio. Es un gran abanico de la batalla entre lo que sería Rementería, lo que actualmente se conoce como La Ciénega, que llega hasta arriba de Los Remedios y, obviamente, todo el contingente bélico se viene para acá. Hay unas escenas extraordinarias narradas en crónicas de cómo se dan las batallas en el barrio”.

Asimismo, muestra una imagen que recrea la contienda entre el ejército francés, dirigido por Charles Ferdinand Latrille, conde de Lorencez; y de Oriente, encabezado por el general Ignacio Zaragoza, el cual ahora es La Casa del Obispo.

Visitas del emperador

Respecto al arribo del segundo emperador de México, Fernando Maximiliano José María de Habsburgo-Lorena, y su esposa, María Carlota Amelia Augusta Victoria Clementina Leopoldina de Sajonia-Coburgo-Gotha, última emperatriz de México, detalla:

”Cuando llegan a la ciudad de Puebla pernoctan aquí y después toman el camino hacia San Francisco y entran a la ciudad. La casa está muy bien puesta para recibirlos en 1864. El conflicto bélico empieza en 1862, en 1863 llegan a la Ciudad de México. Juárez huye rumbo al norte con su república y su carruaje, y aquí le dan la noticia (a Maximiliano) de que el ejército francés deja de apoyarlo. Es un momento clave”.

Según historiadores, el 4 de mayo de 1864, a las 8:30 de la noche Maximiliano y Carlota llegaron al barrio de Xonaca para alojarse en La Casa del Obispo.

De acuerdo con Montaño, los datos que tienen algunos historiadores señalan que cada vez que salían hacia la ciudad de Veracruz o visitaban la zona, Maximiliano y Carlota pasaban a la casona del obispo Vázquez para descansar.

Respecto al obispo, asevera que tiene una presencia importante como religioso y en el terreno político, “porque le toca esta parte no solo de consolidar la independencia sino hablar en Europa, como una especie de embajador, para que los países acepten la nueva nación, el imperio mexicano”.

“En 1847 hace una gestión con el ejército norteamericano para que Puebla no sea tocada ni suceda lo que pasó en el norte del país, pues cuando ingresaron militares, hicieron destrozos. Aquí se tuvo un pacto importante y el obispo falleció en 1847 en la ciudad de Cholula. Para entonces, esta casona ya no le pertenecía, la había vendido, pero suponemos que por ser originario de Atlixco, encontró un poco de similitud en esta parte baja del cerro con el ambiente”.

El cronista pide recordar que la Batalla del 5 de Mayo es apenas una pequeña confrontación que dio inicio a la intervención francesa

“Hubo otras más en el territorio veracruzano y al siguiente año llegó otro contingente francés, en 1863, con el carácter específicamente de sitio. Son más unidades, al principio eran exploradores, mandaron 6 mil soldados más y para entonces sumaron 30 mil soldados especializados en sitio. Lo que hicieron fue rodear la ciudad, ya no hay una batalla sino un conjunto de batallas que se van a dar en torno a la ciudad”. Precisa que la ciudad se rindió por hambre y por falta de parque, lo que dio pase al imperio de Maximiliano y Carlota.

De La Casa del Obispo quedan ruinas

Del sitio donde pernoctaron los archiduques de Austria solo queda un casco, el cual es de los años 20 o 30 del siglo pasado, señala Víctor Montalvo. No obstante, el agregado que prevalece actualmente es de 1940 y el casco se estima que fue construido a finales del siglo XVIII, periodo en el que el obispo Vázquez lo adquirió.

Montaño Silveti señala que la casona era considerada como de campo para el obispo originario de Atlixco, “por ello fue construida con similitud a las que existían en su tierra original”.

En su interior, la propiedad contaba con diversos áreas, una entrada de carruajes, un patio-jardín central, mientras que a su alrededor se ubicaban los diversos cuartos de las familias que la habitaron.

Asimismo, poseía una cocina decorada con acabados en talavera de la época, de amplias dimensiones, misma que estuvo conectada a un gran comedor, “la cual es muy atractiva, pero esa es justamente la parte que se está colapsando, desafortunadamente”.

Respecto a la parte lateral, comentó que localizaban los cuartos para la servidumbre y el almacén de los objetos de la casa. Dicho espacio estuvo abandonado por casi 40 años, tiempo en el que fue saqueado, por lo que se perdió el portón de madera antigua y labrado con chaperones de bronce. Tiempo después se asentó el restaurante El Portón y tras su cierre, hace seis años, hurtaron piezas de la casa.

Montaño comenta que del edificio original quedan pocos rastros, entre ellos, algunos peldaños de la escalera imperial. El resto fueron desvalijados cuando estuvo deshabitada. “No supieron lo que estaban destruyendo”. De igual forma, se puede observar el ladrillo de la fachada, “muy característico de finales del siglo XVIII”.

Mientras, en el centro del patio se puede observar la base de la fuente

“Este lugar tenía mucha agua y muchas bajadas. Se podía jalar el agua del arroyo y el desnivel que se ve en el estacionamiento es precisamente aljibes. Por eso en esta tierra lo que le siembras, pega. Es un lugar muy rico en agua y tierra, que perdió esa costumbre, sin embargo, se encuentran todavía muchas casas con huertas de traspatio, donde hay desde un árbol frutal hasta árnica y diversas verduras”.

Por otra parte, informa que a la par del trabajo de cartonería se realiza un conversatorio en el que se hacen recuentos del barrio, por lo que en diciembre se retomarán exposiciones espectáculo: 

“Hacemos una investigación y vamos ubicando personajes que no tienen reconocimiento. La historia se sigue desempolvando y desenterrando, descubriendo y redescubriendo. Se hace una excavación o reparación en casa y se encuentra una bayoneta o un pedazo de uniforme francés. Estamos haciendo la exposición con personajes que te platican la historia. Desde 2004 trabajamos esto en la zona y desde 1997 en otros barrios”, finalizó.

mpl



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