Racionalidad instrumental


La ola de reformas educativas que se implementaron en América Latina desde finales del siglo pasado ha permitido observar que el impacto en la mejora de las condiciones laborales y los resultados educativos no han sido los esperados. La distancia entre lo planeado y lo efectivamente logrado se atribuye particularmente (y mediáticamente) a la operación a los ejecutores (docentes) y no a los diseñadores (funcionarios de gobierno). No se reconoce, que al diseñar y presentar las reformas desde “una lógica de pensamiento único” se desconocía la situación y evolución histórica particular de cada país. Como lo apunta Daniel Suárez y Florencia Stubrin (2004) como “pensamiento único”, el modelo educativo penetró en el discurso y acciones cotidianas de los docentes, pero no ha generado grandes transformaciones en las prácticas pedagógicas ni en el tránsito hacia nuevas formas de gestión.

La estandarización de políticas de reforma sólo ha llevado a que se responda a una lógica de mercado, donde los maestros son vistos como problemática y como insumo, además de equiparar calidad educativa con reducción de costos. Este tipo de reformas se ha acompañado de políticas macroestructurales económicas que buscaron la consolidación de la doctrina neoliberal. No es accidental entonces que hayan surgido tratados comerciales entre los países pobres con los países poderosos, donde la lógica impuesta provenía de estos últimos.

Desde este marco de racionalidad, de naturaleza utilitaria, se da por supuesto que el individuo elige y calcula los medios y fines en función de la máxima utilidad o por la máxima utilidad esperada. Esto fue el caso de la educación para los países de América Latina. En esta idea instalo a la racionalidad instrumental, aquella que llevó a América Latina a lo que se denominó como década perdida en salud, educación y desarrollo social, cuestión que se ha extendido a las primeras décadas del presente siglo.

La racionalidad instrumental, aquella que permite el cálculo de la relación entre medios y fines, hace posible la eficaz movilización de los recursos para alcanzar un determinado fin, y la elección de las estrategias más conducentes a ello. La ciencia y la técnica brindan los elementos para el pleno ejercicio de la racionalidad instrumental. La lógica de la empresa capitalista se basa también en esos principios ya que tiene su sustento en aplicar los medios más conducentes para obtener la mejor tasa de ganancia posible. La revolución industrial y la modernidad son el resultado de la unión entre la ciencia, la tecnología y ese afán de lucro empresarial.

Para entender estos procesos, es preciso comprender cuál es el sentido de la racionalidad que se desarrolla o el papel que asumen los actores involucrados en procesos de reforma; así se pueden pensar diseños políticos -de políticas públicas- susceptibles de encaminar con algún grado de éxito a la reforma educativa.  Si esto es así, un proceso de reforma, acompañado de una nueva racionalidad, supone desplegar un abanico de políticas de todo orden, para plasmarlas en diseños específicos a la naturaleza de cada sector desde distintas dimensiones. Esto, parece ser el pendiente más importante de la cuarta transformación en México.

torresama@yahoo.com.mx



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