Definir qué es tortura, no resulta fácil; de hecho, los gobiernos que la practican y promueven disfrutan de la ambigüedad para llevarla a cabo.
Para la Asociación Médica Mundial, la tortura es entendida como cualquier acto que produce dolor o sufrimiento físico o mental, como castigo o con cualquier otro fin.
Tiene como finalidad anular la personalidad de la víctima o reducir su capacidad física o mental. Lo primero que resalta en esta definición, es que el dolor físico no es un requisito de la tortura.
Uno de los métodos más comunes de tortura utilizados, es el aislamiento; el aislamiento social total o parcial de la persona es el fundamento de la tortura psicológica.
Es la piedra angular de la manipulación y control del pensamiento humano.
Durante el asilamiento, la víctima es separada y se impide el contacto con cualquier persona; se bloquean los sentidos.
Durante el aislamiento, la persona queda a solas con sus pensamientos, se ve abandonada a sus propios miedos; en un par de días se daña la capacidad de razonar; los síntomas no tardan en aparecer, entre ellos están la angustia y desesperación; pueden llegar la agresión y automutilación. La ansiedad persiste aunque el individuo tenga acceso a libros, tv, teléfono e internet.
Poco a poco se ven afectadas la capacidad de planificación y voluntad propia; algunos se tornan irritables, con insomnio, paranoicos y presentan confusión o ataques de pánico, pensamientos obsesivos, no logran concentrarse y la memoria se altera.
Los casos más severos pierden contacto con la realidad, presentando ilusiones y alucinaciones.
El “asilamiento voluntario” debido a una infección por COVID 19, obliga a un aislamiento de por lo menos 15 días; aunque no hay que olvidar que existen familias enteras que están en aislamiento parcial o casi total desde hace meses, con fines de no ser contagiadas.
Hoy los médicos observamos las secuelas de este aislamiento social; quizá sea difícil separarlas por ahora de un efecto neurológico del virus como tal; o bien un efecto que nada tiene que ver con la infección, sino más bien, con el aislamiento. Esto lo podemos denominar Síndrome traumático post COVID.
El paciente, luego de permanecer aislado, tiene problemas para socializar y pierde la confianza en los demás. Persiste ansioso y angustiado con trastornos del sueño y depresión.
Sintomatología muy semejante a la sufrida por aquellas personas que han sido torturadas de manera deliberada como castigo o para obtener información.
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