Este nuevo vecino, al que hago referencia, es el grupo de los más de 20 proyectos relacionados con los edificios de usos mixtos que se están instalando en el centro.
Habrá que volver en el tiempo cuando surgió el discurso del centro abandonado y deteriorado, y de la necesidad de renovarlo de la mano de los inversionistas privados guiados por la gestión del sector público. A principios de los años ochenta, el gobernador Martínez Domínguez decidió destruir una parte de la zona central, aquella que se interponía entre los dos palacios de gobierno. El gobernador invitó a los empresarios a que se sumaran al proyecto de construir una Macroplaza en ese lugar, para también así sentar las bases del Centro de Negocios que acabaría de una vez por todas con la imagen de ciudad chaparra. Sin embargo, la iniciativa privada ya tenía pensado desarrollar Valle Oriente y en ese lugar construir el Centro de Negocios de la ciudad. La ventaja que tenían de instalarse en esa zona de San Pedro era que los terrenos eran más baratos en esos años que en el centro.
Después, durante la construcción del paseo de Santa Lucía, el gobernador Natividad González también invitó a los empresarios porque quería recrear en Monterrey el River Walk que existe en San Antonio, Texas. Estos, también como en 1983 y ahora en el
2007, dejaron solo al gobierno que tuvo que buscar otras formas de financiamiento (ver libro de Rebeca Moreno: http://estudiosociologicos.org/portal/la-invencion-de-la-ciudad-del-conocimiento-monterrey-en-la-antesala-de-la-violencia-social/)
Ya para el 2012 con La Capital, el primer desarrollo vertical en el centro y después con el Pabellón M como parte de la avanzada, el capital inmobiliario decidió invertir en esta zona, seguramente porque ahora sí, después de las renovaciones, había una tasa de ganancia mucho más alta que en otras zonas como Valle Oriente.
Mientras tanto en la ciudad de Monterrey, el plan de desarrollo urbano vigente buscaba el apoyo de la inversión inmobiliaria para echar a andar unos proyectos de renovación del centro y decidió flexibilizar diferentes normas como la altura de los edificios; el número de cajones de estacionamiento y principalmente liberaba a los inversionistas de la necesidad de proveer de un espacio público para áreas verdes. El municipio para solventar esta ausencia decidió implementar las “calles completas” que limitan el área de tránsito de los vehículos motorizados y que amplían las banquetas de ciertas calles. Estas “calles completas” se basan en la idea de que las plazas tradicionales ya no son una opción; que son mejores estos parques de bolsillo que se construyen en la misma banqueta ampliada (instalación de bancas y árboles de la región) y que permiten el encuentro y la convivencia entre los que transitan por ellas. Es así como se libera al inversionista de su compromiso de invertir en áreas verdes.
Todavía el discurso oficial mantiene la visión del centro abandonado y deteriorado, y por eso en el plan de desarrollo se considera necesaria la redensificación del centro, promoviendo el crecimiento vertical. No obstante, la mayoría de los proyectos de verticalización que se han autorizado lo han hecho en las zonas del centro más altamente pobladas, que superan con mucho la densidad metropolitana promedio. Por ejemplo, en la zona que se encuentra alrededor del Paseo de Santa Lucía, la densidad es de más de 65 habitantes por hectárea y se han autorizado siete desarrollos inmobiliarios.
En consecuencia, estos nuevos edificios de departamentos no llegan a redensificar, sino a competir por los espacios y servicios de los residentes actuales del centro, contradiciendo así los objetivos del plan de desarrollo urbano. Solo algunos de los proyectos se están asentando en las zonas más deterioradas del centro, mientras que la mayoría está buscando la zona turística porque es donde el modelo podría tener futuro, ya que puede competir con ventaja debido a las amenidades, por el alojamiento temporal de los hostales, cuartos en renta, departamentos y hoteles. El capital inmobiliario ahora sí decidió invertir en el centro, después que los diferentes gobiernos con distintas obras y acciones, desde los años ochenta, produjeron el espacio turístico que hasta ahora no había sido capitalizado del todo. Por ejemplo, terrenos que compraron los empresarios durante la construcción de la Macroplaza, y que ahora son áreas verdes, serán habilitados para la construcción de torres de usos mixtos, cerrando así el ciclo que se inició con Martínez Domínguez. Una de las consecuencias sociales que se ha visto en diferentes ciudades del mundo después de este tipo de inversiones, es el desplazamiento directo y por exclusión de sectores de más bajos ingresos de población que no pueden pagar el aumento de las rentas. En este caso, estos desplazamientos se sumarían a las expulsiones directas e inducidas debido a las diferentes obras y acciones realizadas en años anteriores.
Mario Alberto Jurado Montelongo
El Colegio de la Frontera Norte Monterrey