COVID-19. La nueva constitución en el Estado de México

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En plena pandemia del coronavirus y a la víspera de las elecciones intermedias, surgió la propuesta del senador Higinio Martínez Miranda, para crear una nueva constitución política del Estado de México.

Esta iniciativa tiene varias lecturas, pero sólo abordaré dos. Una, que es necesario que se cuente con un nuevo orden constitucional en la entidad, toda vez que la norma vigente ha sido manoseada, pues todos sus artículos se han reformado en más de una ocasión. Y dos, aprovechar el momento político con miras a las elecciones del 2021 para un beneficio electoral.

Si el propósito de contar con una nueva constitución mexiquense es para que ya no sea manoseada y sufra de constantes reformas como la vigente. Se aplaude. Pero si es sólo con un afán protagonistas para lucrar electoralmente con este proyecto. Qué lamentable.

Basta recordar que en México la constitución federal emanada del congreso constituyente de 1917, sólo le queda los títulos de cada capítulo y artículos, pues el contenido del articulado en su totalidad ha sufrido de constantes reformas. Porque cada presidente de la república en turno le quiere imprimir su propio sello a la carta magna. Lo que ha pervertido y contaminado.

En el Estado de México, la situación es igual. Cada gobernador le ha dado su propio toque a la constitución local. El propósito dejar huella y decir que hubo un cambio en el marco jurídico, aunque sólo sea en el papel, pues hasta la fecha pocos son los cambios que realmente han tenido efectos positivos en la población.

El secretariado técnico responsable de elaborar el proyecto de nueva constitución se basará en la biografía de otras constituciones locales y también de la federal y de otros países.

Si consultan constituciones de otros países, se darán cuenta de que no hay necesidad de una nueva constitución ni que se le hayan hecho tantas reformas a la vigente. Basta sólo respetarla y cumplirla y hacerla cumplir.

Hay ejemplos de otros países donde sus constituciones no han sufrido modificaciones desde sus respectivas promulgaciones, los cambios han sido mínimos, la mayoría están tal cual desde su entrada en vigor. La de Estados Unidos, con más de 200 años de existencia sólo se han reformado cuatro artículos, y eso para actualizarlos para su vigencia y ejecución, más no en sus contenidos. En España con más de 40 años en democracia sólo un artículo se ha reformado. Francia con más de 300 años sólo actualizaciones a artículos fundamentales. Lo mismo en Gran Bretaña y otros países europeos.

Es decir, no se necesita reformar la constitución para cumplir con la responsabilidad pública, lo que se necesita es que haya voluntad realmente para que se respete y se asuma como la máxima norma jurídica de una Nación.

Por eso es que saltan algunas preguntas como: ¿Realmente necesitamos una nueva constitución? ¿Se está buscando un beneficio político electoral? ¿Será una constitución que no será modificada cuando entre un nuevo gobernador? ¿Responde realmente a un interés de la sociedad mexiquense o a otros?

Esperemos que el secretariado técnico conformado para elaborar el proyecto de la nueva constitución mexiquense, haga un trabajo pulcro y transparente y no sólo sirva de comparsa para atender un proyecto político personal.

Lo veremos.



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