Lentitud, desigualdad y ¿esperanzas?

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Tanto en la cuestión sanitaria como en la económica, América Latina será la región más afectada por la pandemia de covid-19, sobre todo en los países que tienen mayor población y altas tasas de mortalidad y contagios como Brasil, México y Perú, de acuerdo al Banco Mundial (BM). El organismo estima que la economía regional tendrá una caída de 7.9 por ciento en 2020 debido a la pandemia. Y esto adquiere una magnitud de trascendencia especial: vivimos en el subcontinente más desigual del mundo, en el que la concentración de la riqueza se da en pocas manos, en tanto la pobreza, la pobreza extrema y la precariedad están extendidas en la mayoría de la población.

América Latina tendrá el impacto más fuerte y en gran medida esto se debe a su propia vulnerabilidad, a sus economías desiguales y precarias, a sus sistemas de salud con inversión insuficiente y con capacidades limitadas para cubrir las necesidades de la gente, así como al histórico atraso educativo y a la tradición de destinar muy poco a la investigación, la ciencia y la tecnología. Si bien el Banco Mundial cree que la recuperación económica se dará en 2021 con un 4.1 por ciento de repunte, lo cierto es que en la economía seguimos en terrenos inciertos debido a que la crisis sanitaria no se ha superado. La pandemia sigue causando contagios, muertes e incertidumbre. Mientras esto siga así, todas las recuperaciones estarán sujetas a la duda.

En el caso de México la situación no es mejor. Algunos pronósticos apuntan que apenas en 2025 se recuperará la economía a los niveles previos a la pandemia, en tanto todo señala que nos encontramos ante una recuperación que será lenta, complicada y desigual. En las últimas décadas la economía mexicana se ha destacado por su lentitud, por sus problemas para superar la barrera del dos por ciento de crecimiento anual, así como por la marcada desigualdad en cuanto a ingresos, oportunidades y concentración de la riqueza. Y esto significa que cuando crece la economía, además de hacerlo en niveles escasos, concentra la riqueza en pocas manos y esto deriva en que no llegue a los sectores más necesitados. Lo mismo pasa con las recuperaciones: los ricos se recuperan rápido y los pobres pueden tardar décadas.

El impacto económico se parece mucho al impacto sanitario: encuentra a la población en situaciones muy diferentes, con una gran cantidad de personas que deben enfrentar ambas crisis desde la precariedad. Se trata de desigualdades que se notan en el mercado laboral, en la informalidad, en la brecha de género que se refleja en que las mujeres trabajan más horas y les pagan menos, en los ingresos sujetos a sistemas de privilegios y no al mérito auténtico del trabajador, entre otros. En este contexto, la crisis es desigual, el impacto es desigual y la recuperación es desigual.

Pero como las crisis también son oportunidades, es buen momento para revertir desigualdades y favorecer una recuperación más equitativa. Se puede empezar por la educación digital, la economía del conocimiento y por tratar de ser justos.

@farinaojeda



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