El ser latinoamericano (apuntes de un diario)

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Una tarde habitual en los primeros días de diciembre del ´93 tuve una gratísima sorpresa mientras me encaminaba por los pasillos del Departamento de Música de la Universidad de Guadalajara a punto de iniciar mi clase de historia. Fue la admiración de encontrarme justo allí al compositor argentino Luís Jorge González. Él aguardaba sereno al final de aquella escalera conventual de granito que yo subía paso a paso. Habían transcurrido varios años de conocernos y participar en algunos festivales de música; recuerdo especialmente el Cervantino y el ciclo de conciertos de arpa en el puerto de Veracruz, ocasiones en que nuestras partituras habían coincidido al ser interpretadas.

Así fue el rencuentro. De inmediato se estrechó la conversación que nos llevaría por los senderos de aquello que verdaderamente nos pertenece: nuestra expresión artística surgida en tierras latinoamericanas. Y Jorge González es un creador que muestra y demuestra a través de sus composiciones el espíritu que nos define en este continente. Cito ahora las palabras que el musicólogo Gerard Béhague escribe en su libro “La Música en América Latina” (1979) apropósito del amigo y colega:

“…Otro compositor argentino que ha ganado reconocimiento en el exterior es Luís Jorge González, nacido en 1936. Egresó de la Universidad Nacional de Cuyo, y completó sus grados de maestría y doctorado en composición musical en el Peabody Conservatory of Music de Baltimore, E.U. Ha recibido muchos premios: del Fondo Nacional de las Artes de Argentina, el Concurso Internacional Henryk Wieniawski (1976) y la Beca Guggenheim en Artes (1978). Sus primeras obras, como “Visiones de la Pampa” (1963), para orquesta, despliegan una orientación neonacionalista. En el transcurso de pocos años, sin embargo, se trasladó a la atonalidad libre y a las técnicas dodecafónicas, como se observa en “Voces II”, para 9 instrumentos (1973) y la serie “Soledades sonoras” (1974). Junto a una búsqueda de nuevas sonoridades, la música de González revela un evidente interés en una escritura melódica, sostenida en gran parte, por una armonía no triádica, en forma de policordios. En ocasiones ha recurrido a formas abiertas (aleatorias) y ha ensayado en el medio electrónico”.

Breve descripción sobre la trayectoria de Luís Jorge González, que al igual como muchos de los compositores latinoamericanos definen un proceso de creación orientado hacia una estética indómita, esto es, que el músico de estas tierras americanas se perfila en la diversidad, en la riqueza de recursos sonoros que dispone de las propias músicas étnicas de sus respectivas regiones. Porque si bien es cierto que la tradición de la música que heredamos del continente europeo nos determina en gran medida, también, y por otro halo de luz, se presenta real en su existencia el maravilloso rostro del arte latinoamericano; rostro que nos muestra y demuestra una música igualmente admirable y entrañablemente nuestra. 



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